Hay abrazos de alambre que marcan la ternura hacia el capricho de los dedos que oxidan y seccionan con un golpe de viento. Hay abrazos de mar que desalojan en su retorno arena bajo los pies. Tu abrazo es un armónico su magia hace vibrar la cuerda que no pulso; envuelve en leve roce de campanas; imprime el aire que precisa para seguir nombrando, para aguantar el resto de las notas.
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