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domingo, 7 de junio de 2020

La renovació pedagògica





OPINIÓ

TRIBUNA

La renovació pedagògica

“Els darrers estudis assenyalen l'empatia del mestre envers l'alumne com un factor més important que d'altres
La inno­vació edu­ca­tiva i la reno­vació pedagògica tenen un llarg recor­re­gut a casa nos­tra. Cal­dria dis­tin­gir entre aquests dos con­cep­tes però, en els dar­rers temps, em sem­bla més neces­sari vin­di­car el doble tre­ball que moltíssims pro­fes­si­o­nals, sovint de manera humil i sense estridències, han hagut de fer per por­tar l'avui ano­me­nada inno­vació a les clas­ses i als col·legis, a vega­des amb incom­pren­si­ons, havent de tren­car tan­tes inèrcies. A vega­des, també s'ha de dir, amb l'ajut de com­panys/es, d'equips direc­tius impli­cats en els can­vis, del Cen­tre de Recur­sos Pedagògics, del depar­ta­ment de peda­go­gia de la URV, del Depar­ta­ment d'Ense­nya­ment... En gene­ral, s'havia d'inten­tar fer amb res­pon­sa­bi­li­tat, sabent que no és or tot allò que lluu, i que tam­poc convé anar a remolc de les dar­re­res “modes” pedagògiques sense cap cri­teri propi, sense mesura ni equi­li­bri.
En els dar­rers temps, el debat públic sobre l'edu­cació ha permès que aflori aquest tema. Fins i tot hi ha qui, de cop i volta, fa veure que ha des­co­bert la pólvora, inten­tant apro­fi­tar-se del des­co­nei­xe­ment. S'entén que inten­tin ven­dre el “seu” “pro­ducte” i que recor­rin al màrque­ting. Però ni l'edu­cació és un pro­ducte ni la com­pe­ti­ti­vi­tat ha d'ésser l'alè que ens impulsi. Hau­rien de reconèixer els pre­de­ces­sors teòrics i pràctics, per una qüestió de valors, d'ètica i d'hones­te­dat intel·lec­tual; hau­rien d'ésser més humils. Con­ti­nuen essent més impor­tants les apa­ren­ces que el que som real­ment, el dis­cur­sos que la feina feta amb rigor, l'embol­call bonic que el regal de la il·lusió, l'esforç i el donar-se calla­da­ment. No es pot con­si­de­rar estrany, quan veiem la força pre­e­mi­nent de la pro­pa­ganda en qual­se­vol àmbit.
Per això vull dedi­car aques­tes línies a aquells que van reco­llir la fla­meta dels històrics movi­ments de reno­vació pedagògica, intro­duint-hi pràcti­ques que ara s'ano­me­na­rien inno­va­do­res, cer­cant i cons­truint sen­tit. I no de cara a la gale­ria, sinó de manera quo­ti­di­ana, perquè ho con­si­de­ra­ven adi­ent i neces­sari per als seus alum­nes. Quan no era sem­pre fàcil. Quan cons­truir l'ale­gria podia con­sis­tir a escol­tar, a aten­dre el món que és cada alumne. Quan pot­ser eren només ells/elles, les famílies i uns quants com­panys, els que enco­rat­ja­ven en certs moments...
Un ser­vi­dor, mal­grat tots els som­nis, només acon­se­guia, en aquesta línia, peti­tes coses a les quals no volia renun­ciar. Però aques­tes peti­tes coses són les que men­ci­o­nen els nens i les nenes que et salu­den quan els tro­bes en pas­sar els anys: els minuts de rela­xació, l'expressió cor­po­ral, les dra­ma­tit­za­ci­ons, el diari, aquell text lliure, el bloc de l'aula, les xer­ra­des dels fami­li­ars a classe alguna tarda, les assem­blees... I, sobre tot, la gui­tarra. Aque­lles cançons de sem­pre –o fetes per a ells– que par­la­ven d'uns valors i unes emo­ci­ons que espe­rem no tro­bar a fal­tar mai total­ment.
Avui alguns des­co­bri­ments de la neu­rociència cor­ro­bo­ren la importància de tenir molt en compte el fac­tor emo­ci­o­nal, la importància de la música, de la lec­tura com a font de plaer i de la cre­a­ti­vi­tat... Els dar­rers estu­dis asse­nya­len l'empa­tia del mes­tre envers l'alumne com un fac­tor més impor­tant que d'altres. Una mirada sen­si­ble, empàtica, serena i oberta neces­sita bàsica­ment dos fona­ments: calma i con­fiança. Calma i con­fiança neces­si­ten els mes­tres. Calma i con­fiança neces­si­ten els alum­nes. L'escola activa apre­cia el temps, una escola hiperac­tiva dila­pi­da­ria el temps.
Els can­vis soci­als dema­nen cre­a­ti­vi­tat per adap­tar-se a les cir­cumstàncies i cer­car solu­ci­ons als nous rep­tes. Com es desen­vo­lupa la cre­a­ti­vi­tat? Amb l'edu­cació de la mirada.
Sem­bla que alguns vents comen­cen a tor­nar-se pro­pi­cis. Però els veri­ta­bles can­vis no arri­ben sense esforç, només can­vi­ant l'ense­nya. Inten­ta­rem con­ti­nuar apre­nent.













domingo, 31 de julio de 2016

Cabe la humildad





Apenas escuchados y leídos los más o menos sesudos análisis respecto a los resultados de las pasadas elecciones, me aventuro a exponer, con los riesgos de toda síntesis, lo que considero necesario no olvidar.
Básicamente hay dos factores que hacen perder a lo que se sigue llamando izquierda (obviemos el debate sobre las denominaciones).
En primer lugar, la baja participación, resultado del “desencanto”, que afecta especialmente a las teóricas opciones de cambio. Quienes no dudan de sus intereses o de lo que les han hecho creer que son sus intereses, suelen cerrar filas. ¿Hay razones objetivas para el desencanto? Bastantes. Y no me refiero a las campañas en contra, sino a las propias carencias y contradicciones.
En segundo lugar, la división. Aún seguimos observando cada día una atención casi obsesiva hacia quienes nos disputan el espacio político. Seguimos comprobando, en general, la atomización de opciones por territorios, por herencias ideológicas…
Hay otros factores, por supuesto, pero estos dos, con una larga trayectoria histórica en diferentes expresiones políticas, han sido y continúan siendo fundamentales.
Difícil abordarlos. Inevitable, si se quiere avanzar. Que cada cual se pregunte, si le apetece, su posicionamiento respecto a estos dos factores, pues tenemos la última palabra.
Personalmente, considero que la clave es, en cierto modo, una pizca de humildad. Echar balones fuera, seguir enrocados en nuestros planteamientos y no colaborar más que de manera oportunista, nos lleva a más de lo mismo. Ya estamos más que cansados del espectáculo, creo. De maniobras por un lado e inmovilismo por otro.
Se trata ya de solucionar los problemas o de constituirse en problema.



sábado, 23 de mayo de 2015

¿DE QUÉ ES EL MIEDO?



Ciertamente en nuestro país es fácil ser pesimista. Cuando unos empiezan a trabajar duro para “sobrear”: es que la gente no se moviliza, aunque se hayan realizado miles de manifestaciones. Cuando las movilizaciones ya no se pueden seguir ignorando: eso es flor de un día, no hay organización política que canalice la indignación, ya hemos conocido otros momentos de asamblearismo. Cuando logran organizarse quienes intentan recoger ese caudal de rebeldía para conseguir su expresión política: ¿lo ves? tienen sus contradicciones.
Así no hay nada que hacer, así seguiríamos con una de las frases más asquerosas que se pueden escuchar: “es lo que hay”. O con aquella de un personaje de dibujos animados: ¡Oh cielos, qué horror!
Sin embargo, esas frases pueden ser síntoma de actitudes diversas. Quizá la pusilánime del “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”, con la conciencia tranquila, eso sí, (el pusilánime se viste con los harapos de la hipocresía), pues “me compadezco” de los millones de parados, de la pobreza infantil, de los jóvenes que tienen que exiliarse a otros países, de la degradación moral de quienes exigen sacrificios mientras se forran a costa del dinero público, etc. Quizá la actitud cínica de intentar que “los míos” se beneficien, saquen tajada de las nuevas situaciones generadas por el malestar social. Los míos pueden ser mi partido, mi comunidad autónoma, mi, mi, mi. “A río revuelto, ganancia de pescadores”.
A quienes descubren ahora las contradicciones de quienes luchan por cambiar las cosas, les diría que siempre existirán. Sólo el pensamiento único, el pensamiento de la jerarquía y el sometimiento absoluto, no revela sus contradicciones, aunque las tenga y las salde drásticamente.
Lo siento, no voy a ilusionarme. Pero tampoco desaprovecharé la oportunidad de expresarme con mi voto, aunque al día siguiente tendremos que seguir trabajando por todo aquello que nos parece justo, por la cultura -hoy ninguneada-, por el bienestar social, por los derechos y libertades que hay que recuperar… Es la gente de a pie, somos cada uno de nosotros, los que creamos la democracia día a día o dejamos que se pervierta su sentido.
Ya estamos acostumbrándonos a la utilización del miedo como herramienta política por parte de quien se aferra al poder político y económico. Antes “la prima de riesgo”, ahora la “recuperación” de quien no oye hablar de los parados…
A mí, personalmente, lo que me da miedo es lo que podemos esperar si nada cambia, si seguimos perdiendo derechos y libertades, si seguimos permitiendo que minen el futuro.
Concluyo con unas palabras que siempre escuché a mis padres: -¿De qué es el miedo? -Del cagajón que está quedo. Y ellos sabían, en propia carne, lo que hay que temer.
Si los políticos nos utilizan, utilicémoslos nosotros, como lo hacen quienes nunca dejarán de ir a votar por sus intereses.



domingo, 13 de octubre de 2013

Sobre la educación





Ahora parece que todo se tiene que solucionar desde la escuela. Lo escuchamos continuamente en debates sobre cualquier tema. No estaría de más recordar aquel proverbio que afirma: “La educación es cosa de toda la tribu”. Por otra parte, sorprende la paradoja: ¿Tanta importancia teórica de repente y cómo la tratan en la práctica?
Ciclos de películas sobre educación, jornadas de debate sobre educación… Todo el mundo sabe, opina, cuestiona…
 Incluso quienes intentan honestamente mejorar las dinámicas de trabajo en el ámbito de la escolarización infantil y primaria (véanse documentales recientes de experiencias al respecto), casi siempre vienen a plantear lo que ya se estudiaba el siglo pasado en los clásicos de la escuela nueva. Con ligeras aportaciones tecnológicas, de recursos, etc., pero con pocos avances en cuanto a principios pedagógicos esenciales. Quizá de lo que se trataría es de preguntarnos por qué cuesta tanto cambiar, cuáles son los factores conscientes e inconscientes, formales e informales, institucionales y personales… que inhiben, dificultan o condicionan el cambio. ¿Interesa realmente?


lunes, 7 de octubre de 2013

De brotes, giros y trucos





¿A qué son debidos los cambios, los aparentes giros de los gobernantes en cuestiones fundamentales como los derechos sociales o la participación en intervenciones militares?

Pretender saldar las críticas y las iniciativas que cuestionan el actual funcionamiento de las cosas con estigmas y caricaturizaciones no es algo nuevo, mas refleja, cuando menos, incapacidad para la argumentación y el debate, indigencia teórica y de talante democrático. Es inaceptable desde el punto de vista intelectual (no digamos ético), por ejemplo, aventar un término como "perroflauta" para intentar desacreditar un movimiento ciudadano de protesta y reivindicación. Después, cuando la gente habla de los políticos en general o de las multinacionales en general, o de las instituciones en general, exigimos mucha cautela y discriminación (necesarias siempre, no cuando nos lo dicta la ley del embudo).

Yo no creo, ni en esto, ni en lo otro, ni en todo lo contrario. No creo. Observo y reflexiono. No todo son hilos que se mueven desde ciertas esferas, evidentemente, pero dejar de intuir los que existen, por más que nos los hagan transparentes, tampoco. ¿Qué ocurre cuando los intereses privados o de un sector se anteponen en la práctica -nunca en el discurso por supuesto- a los de la ciudadanía en general? Podemos ignorar que la realidad alberga intereses confrontados y "creernos" los discursos, la mercadotecnia que los niega. Pero ese burdo truco hegeliano no me sirve. Las guerras son armas que se venden, zonas de influencia y control de recursos. ¿Acaso el mercado y la economía responden en primer lugar a la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de la mayoría de la población? El campo de la cultura no necesita ejemplos, por desgracia (hablan cada día cineastas, hombres de teatro, editores, libreros, músicos…). Respecto al saber en nuestros días... ¿En qué criterios implícitos, bajo que condicionantes de perentorio pragmatismo se aprueban las líneas de investigación prioritarias de nuestras universidades (las que sobreviven)? Comparemos el precio de las matrículas universitarias de Francia y de España. Comparemos las ayudas a los jóvenes. Es obvio que a los del “que se jodan” no les afecta personalmente que tantos jóvenes se vean abocados a dejar la universidad o, por su situación familiar, no se planteen siquiera la posibilidad de acceder, tengan que marcharse a otros países en busca del trabajo que aquí se les niega o huir de unas condiciones laborales denigrantes. Pese a esos brotes verdes que nos pintan de vez en cuando, la realidad sigue siendo terca y demasiado cruda para necesitar más descripciones: millones de parados, jóvenes sin futuro, corrupción entre quienes exigen “sacrificio”, retroceso en derechos adquiridos con sangre, sudor y lágrimas… Nos involucran en guerras sin tener la decencia de plantearlo en las instituciones democráticas –no vaya a ser…

¿Vamos abriendo caminos? ¿O vamos, con unos gobernantes sometidos, en dirección contraria? Y es en el terreno de las alternativas donde uno echa en falta los brotes verdes. El viejo fantasma de la división recorre la llamada izquierda. Pero este arduo tema requiere mucho más que otro artículo para ser abordado en profundidad, con todos los factores que intervienen, no solo los coyunturales. De nuevo: ¿interesa?

Las distintas fes (incluidas las laicas) nos impiden ver, no nos dejan situarnos en ese equilibrio desde el que se podrían conseguir grados de objetividad en los análisis y, en el terreno de los proyectos, mayores cotas de libertad y bienestar social.

Hay demasiadas preguntas incorrectas por formular correctamente. Pero no interesan, simplemente. No me interesa tener razón. Cada cual que se pelee con las suyas. Ojalá me equivocase. Al menos que no cuenten con nuestro silencio.




Artículo no publicado en los diarios a los que se envió para la sección de opinión. Ha pasado septiembre. Hay temas mucho más importantes, plumas más atentas, nuevos brotes verdes...






jueves, 5 de septiembre de 2013

Divide et vinces





Con todo mi respeto hacia cualquier propuesta pacífica (que respete), plantear en estos momentos ciertas cuestiones, ¿a qué intereses responde? Analicemos las consecuencias de retomar esas propuestas en la actual coyuntura y nos acercaremos a la respuesta.

Dos consecuencias que se dan a la vez: desviar el foco de atención (movilización) de los problemas sociales (comunes) y poner en primer plano aquello que casualmente “nos une” a sectores que están aplicando sin contemplaciones las políticas económicas de recortes de derechos, etc.

A buen entendedor…

Hay consignas que pretenden tomarnos por idiotas. Quien “nos roba” está aquí también. Y allá, la mayoría de la gente no roba, sino que quiere trabajar honestamente y en todo caso, también “son robados”. A la mayoría de la gente, de aquí y de allá, se le roba la esperanza y el futuro. La gran estafa se gesta más en lo vertical que en lo horizontal.

Viejos temas, viejas estrategias. Divide et vinces.


 




martes, 9 de abril de 2013

Perspectivas






No seré yo quien juzgue desde mis circunstancias... Pero creo que lo que falta, quizá  desde siempre, son perspectivas. Lo de ahora viene de lejos, aunque el supuesto "pastel" o el éxito del poderoso caballero nos cegase. No creo en los estallidos de desesperación: nada nuevo pueden construir, por más que sean humanamente comprensibles e inmediatamente capitalizados por ciertos sectores (burguesía, burócratas de los partidos únicos, inventores-rescatadores de nuevas-viejas fronteras...).
Si algo nuevo ha de nacer antes de que acabemos con el planeta, pues la vida se abre camino, será desde paradigmas que aún están en germen. Profetizar es tan absurdo como cerrar los ojos a la realidad.
En fin: construir, no cansarse de construir la alegría.
La lucha ha de dejar de ser en contra para empezar a ser a favor de algo completamente diferente que nos permita ser. La creatividad tiene mucho que decir al respecto, la ética y (con su falta de asideros entrañable) la poesía, por supuesto.



sábado, 16 de marzo de 2013

De majadas




Los pastores serán brutales mientras las ovejas sean estúpidas, dijo Fray Luis de León.

Creo que, brutales o amables, habrá pastores mientras haya rebaños. Y el pastor será pastor mientras la oveja sea oveja.

viernes, 28 de diciembre de 2012

¿El debate?




-¿Y tú qué opinas?
-¿De qué?
-¿De qué va a ser?
-Pues no sé.
-Del debate.
-¿Cuál?
-¿Cuál va a ser? El que hay aquí y ahora.
-Ah, ya.
-¿Qué piensas?
- Pues que ahora, aquí y allá, ese no es “el debate”. Quizá aún ignoramos contra qué nos debatimos mientras nos birlan los debates fundamentales.
-Claro. ¡Como tú has venido de fuera!
-Por supuesto. Homo sapiens, más o menos descolorido, pero sapiens.








Podemos suponer que nuestra especie, Homo sapiens, se originó en algún lugar de África hace alrededor de 150.000 años. Especies más arcaicas parecen haber continuado durante un tiempo. La especie se expandió relativamente lento, llegando a Australia hace 40.000 años. En Europa, la especie parece haber entrado más lentamente, entre 40.000 y 35.000 años, por España y por el este.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Razones

Decía Schopenhauer: "Cuantas menos razones tiene un hombre para enorgullecerse de sí mismo, más suele enorgullecerse de pertenecer a una nación". "La especie más barata de orgullo es el orgullo nacional. Pues denota en el que adolece de él la falta de cualidades individuales de las que pudiera estar orgulloso, ya que si no, no se aferraría a lo que comparte con tantos millones."

Por otra parte, repare quien quiera en el enorme mérito, la tremenda conquista personal que supone ser traído al mundo en un lugar u otro, así como la lengua en que nos enseñan a hablar nuestras madres.

Da grima comprobar lo sencillo que sigue siendo aún taparse las vergüenzas bajo telas coloreadas, dividir, embaucar…

Mientras a los de arriba, de aquí y de allá, con los de más allá, les siga resultando tan fácil el engaño…

Eppur si muove.

martes, 12 de junio de 2012

¿Qué hacer?






¿Qué hacer? De crecimiento hablemos



Hace unos días, víctima de la obsolescencia programada, fui a unos almacenes de complementos para coches. Necesitaba recuperar uno viejo para sustituir al que aún no he terminado de pagar, por el cual no me dan ni lo que cuesta el arreglo de medio motor que se ha de cambiar en bloque, no por piezas, conforme a la dinámica diseñada para el consumismo (quien esté libre de pecado…). Me crucé con un grupo de antiguos aficionados a tunearse y a tunear sus coches. Al pasar a su lado escuché:
- “Puta crisis. ¡Si tuviera pasta me lo compraría todo!”
¿Para eso servirá salir de la crisis o buscar alternativas al actual funcionamiento de las cosas? De crecimiento hablemos, o de decrecimiento, si así lo deseamos. Pero hablemos todos. Y de otro crecimiento que el meramente económico.

¿Qué hacer? Afortunadamente las respuestas del estratega ruso caducaron, incluso para los que no quieren admitirlo y pretenden demoler muros a cabezazos para volver a construir los suyos.
Manuel Rivera, amigo editor y poeta, se extrañó hace años de mi sincera respuesta:
- No lo sé. No sé lo que quiero, mas sé lo que no quiero, y no es poco.
Amigos que no entendían las preocupaciones que transmitía en mis líneas, comparecen en las plazas y en las calles ante la brutal vigencia de unas contradicciones que sólo permanecían bien camufladas. Hoy los poetas volvemos a toparnos de bruces con la realidad y, como en otras épocas, el peso de la urgencia puede escorar las naves.
Reconozcamos que no es imprescindible ir a remolque de las circunstancias, ni arracimados en torno al oportunismo, ni como cabeza de ratón, ni como cola de león...
Comenzar por reconocer que las viejas respuestas ya no sirven sería un primer paso. El segundo, admitir que no tenemos ni existen respuestas absolutas, universales, por más que religiones e ideologías sigan cumpliendo sus funciones.
Esta situación, que tiene, como todas, su reflejo interior, puede vivirse con ansiedad y, como consecuencia, se manifiesta la tendencia a sumarse a uno u otro redil. Así, algunos se aferran y otros cambian, de un extremo a otro si es preciso. No es tan sorprendente, desde esta perspectiva, el ascenso de la extrema derecha entre ciertas bases sociales francesas.
Situaciones con ciertas semejanzas se han vivido en otros momentos históricos, quizá sin tanta virulencia, por la muerte de más de un dios y más de un profeta laico. Sin embargo, con todos sus riesgos evidentes, la actual constituye una condición de posibilidad (veremos si aprovechada o no) para el surgimiento de nuevos sueños (esperemos que sin monstruo en el vientre).
Este surgimiento se produce a partir de una contribución colectiva, quizá imbricando diferentes paradigmas (social, ecológico, intercultural, pacifista…) con aportaciones desde los diversos sectores.
Por otra parte, se abre camino el convencimiento de que no habrá suficiente con unos cambios estructurales, sean cuales fueren, mientras no vayan acompañados de cambios en las personas, mientras no tengamos cada uno la voluntad y el coraje de crecer.














sábado, 24 de marzo de 2012

Huelga General

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Penúltima manifestación. Extraño. De nuevo los cotos endémicos de eso que se dio en llamar izquierda, aunque hoy difícilmente nos pondríamos de acuerdo en lo que significa esa palabra; de nuevo los banderos… De pronto veo delante a quienes hasta hace poco estaban enfrente. Me giro y llegan los que compartieran gobierno con ellos… ¿Qué pinto aquí? Me voy.

Durante estos días reflexionamos en voz alta (aún podemos), sobre ciertos sindicatos y partidos, sobre la eficacia de una convocatoria… Finalmente nos adherimos a la huelga general. Por los más de cinco millones que no serán contabilizados. Por todos los que desearían hacer huelga y no podrán (cada vez más fácil el despido, cada vez más condicionados en esa teórica libertad). Algunos iremos a la huelga también para poder decir en un futuro que hicimos lo que pudimos; para que palabras como solidaridad y ética no se nos caigan de los labios cuando las pronunciemos…

Porque algunos queremos aprender a dominar la ira, a vencer la impotencia, a combatir la resignación tanto como el fanatismo de cualquier color. Porque todos queremos el pan nuestro de cada día y un mañana de dignidad para nuestros hijos. Porque no vamos a dilapidar el legado de libertades y conquistas de nuestros mayores.

Porque cambiamos para seguir siendo.


foto: José Ángel Hernández






viernes, 9 de diciembre de 2011

¿Dilemas? Diles más (II)


Un síntoma evidente de los cambios a los que me refiero se puede apreciar en las pancartas y carteles de las movilizaciones. Al principio sorprendía no ver los clásicos bloques y grupos bien acotados tras los símbolos y eslóganes preestablecidos de cada organización. Que cada individuo o grupo de personas elabore y enarbole aquellas palabras que desea expresar es menos previsible, menos tedioso, refleja otro modo de participar en el que cabe la creatividad y la imaginación: “No podemos apretarnos el cinturón y bajarnos los pantalones a la vez”, “Vamos despacio porque vamos lejos”, “Falta pan para tanto chorizo”, “Ni cara A ni cara B, queremos cambiar el disco”, “Nuestros sueños no caben en vuestras urnas”, “Me sobra mes a final de sueldo”, “Una sonrisa viaja más lejos”…

Se percibe una especie de sentimiento colectivo que invita a prescindir de siglas, a participar como individuo en algo que empieza ya a romper aciagos esquemas. Recuerdo especialmente una frase de Sol que pudiera tildarse de ingenua, pero que no por ello resulta menos entrañable: “Lo sentimos: aquí no hay líderes que puedan derrotarnos”. ¿Y si algún día lográsemos acariciar algo semejante? Desde luego, resulta más alentador abrir ese tipo de caminos para avanzar hacia otra realidad en la que cada ser humano intente tomar las riendas de su propia vida, que aquellos callejones sin salida, hacia supuestos modelos de cartón piedra, con patéticos remedos y sucursales, entre cuyas señas de identidad prevalecían la violencia, el dogmatismo, la verdad absoluta dictada por ancianos “timoneles”, que han quedado tan obsoletos como sus símbolos, como el sistema que pretendían combatir y sólo han llegado a emular cuando han vencido - no convencido. La autocrítica quizá debería de preceder a cualquier crítica. Una sana manera de aprender podría comenzar por negarse a comulgar con gigantescas y ancestrales ruedas de molino, tener el coraje de cuestionarnos y cambiar nosotros mismos antes que pretender que el mundo se acomode a nuestros esquemas demasiadas veces inamovibles o llevar cada cual el agua a su molino.

Seguirán llamándolos soñadores. Recuerdo los versos de António Gedeão: “Ellos no saben, ni sueñan / que el sueño dirige la vida / que siempre que un hombre sueña / el mundo salta y avanza / como bola de colores /entre las manos de un niño”.

Si algo viene demostrando la actual crisis, es (parafraseando a Gandhi) que, cuando la avaricia de algunos ha contagiado a casi todos, se vuelve insostenible para todos. ¿No es hora ya de superar intereses partidistas, corporativos… para establecer límites plausibles a la usura? En los versos de Oliverio Girondo: “antes de que la tierra se canse de atraernos / y brindarnos su seno, el cerebro les sirva para sentirse humanos, / ser hombres, / ser mujeres, / no cajas de caudales”.



Considero que no basta con plantearse dilemas: votar o no votar, votar A o votar B…, incluso seguir o no seguir una u otra forma de convocatoria. Antes, durante y después, quisiera encontrar una posición respecto a lo que sucede y respecto a mí mismo. Afirmó Bertrand Russell: “El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas”. Sin entrar en dicotomías simplificadoras, quizá la verdadera fuerza, nuestra razón de ser, sea la duda permanente frente a lo establecido y, no en menor medida, frente a lo que seamos capaces de ir configurando.








domingo, 27 de noviembre de 2011

¿Dilemas? Diles más (I)


¿Estaría en lo cierto aquel que, emulando a Neruda, escribía: “Me gustas cuando votas, porque estás como ausente”? Asistimos a un radical intento de recuperar el significado de la palabra democracia; a un negarse a la constante tergiversación de su sentido a base de promesas habitualmente cumplidas al revés; se señala con el dedo a quienes no se someten a elección democrática alguna pero cuya falta de ética afecta gravemente a la vida de todos, tal como está ocurriendo con la crisis financiera. ¿No es hora ya de desarrollar eficaces mecanismos de control del trabajo encomendado a los que detentan la representación ciudadana?
 
En las plazas y en las calles, nuestros jóvenes (y no tan jóvenes) se han visto abocados a expresar que nada ni nadie tiene derecho a arrebatarles el presente ni el futuro. En general, a diferencia de lo que ha ocurrido en algunos países, lo han hecho con civismo y responsabilidad, pacíficamente, pese a que en ocasiones se les ha respondido con violencia. Es significativo que, cuando decidieron levantar las acampadas, lo hicieran recitando versos. No en vano, mucho tiempo antes, los versos de Paul Celan, V. Holan, José Hierro y tantos otros, confirmaban que la poesía sigue siendo más que posible frente al horror y frente al vacío.
 
Esta juventud, de la que se hablaba a veces con desdén, ha demostrado muchas cosas en poco tiempo. Una de las más loables es la firmeza en la convicción de que, para que nuestros sueños no se conviertan en pesadillas, han de desprenderse de nuestras actitudes. En este aspecto quizá debamos sentirnos orgullosos de esos nietos o bisnietos de la ira. A algunos amargados nostálgicos de pretéritos perfectos les habrá sorprendido comprobar que no son “ni” idiotas “ni” sumisos, que son organizados y responsables, por lo que han sabido ganarse y preservar hasta el momento la simpatía de amplios sectores de la población.


 
Parece que empiezan a cambiar algunas cosas esenciales en la manera en que la movilización ciudadana afronta la realidad y emprende sus reivindicaciones. Se ha señalado, lógicamente, el papel de las nuevas tecnologías, aunque a veces nos quedamos en los aspectos más llamativos, como la inmediatez de la comunicación. Creo que sus efectos de mayor calado irán demostrándose con el tiempo. Los efectos de una cultura de la interacción frente a la comunicación unidireccional, de la horizontalidad frente a la verticalidad… Sin duda se abren esperanzadoras posibilidades pero, con ellas, muchos interrogantes. Las nuevas herramientas no generan por sí mismas los cambios positivos que empezamos a vislumbrar, es el uso que de ellas se haga el que puede permitir grandes conquistas, más de lo mismo o infiernos insufribles. Sin embargo, el sueño de los ilustrados nunca ha dejado de tener sentido. Cada vez que el hijo de un trabajador concluye unos estudios podríamos recordarlo.

 

martes, 18 de octubre de 2011

Un resquicio en el no ser




Quisiera dedicar estas líneas a quienes están sufriendo las consecuencias de la crisis de manera más directa y salvaje, no únicamente en nuestro entorno. Quien ha formado parte en algún momento de las denigrantes colas de las oficinas del INEM desearía que sus palabras, en este contexto, sirviesen para algo; para mitigar, al menos, tanta y tanta angustia. Pero las palabras resultan insuficientes, por más que procuren cimentar la esperanza. Es cuando hiere el sentimiento de no disponer apenas de certezas, de caminar con un hato de dudas a cuestas. Antonio Machado escribía: no os aconsejo la duda a la manera de los filósofos, ni siquiera de los escépticos propiamente dichos, sino la duda poética, que es duda humana, de hombre solitario y desencaminado, entre caminos. Entre caminos que no conducen a ninguna parte. En estos tiempos de anomia, la duda no alimenta ni el cuerpo ni el espíritu. Reclamamos asideros fuertes. Proliferan viejos y nuevos dogmas.
¿Y si algún paradigma pudiera convencerme sin vencerme? Mas el gregarismo y la renuncia a utilizar la propia materia gris suelen constituir la derrota inicial de cualquier anhelo común.
Así pues, ¿para qué tanta letra? ¿Para aprender a andar en la desorientación? ¿Para dejar de desbrozar viejos callejones sin salida e intentar formular nuevas preguntas entre todos? ¿Para compartir, escuchar, aprender…?
-Pero la gente necesita respuestas –me indica un buen amigo. Si no las obtiene, volverá a los mitos de cada cultura y de otros momentos históricos.
-Quienes fabrican respuestas pret a porter, por novedosas que parezcan, han diseñado por los demás previamente las preguntas (o sus sucedáneos). Aunque la capacidad para profundizar en análisis, establecer hipótesis, utilizar la imaginación, etc. sea, lógicamente, muy desigual, por primera vez en la historia se dan las condiciones que permiten niveles de interacción muy diferentes para la construcción colectiva de conocimiento. Ya no se trata de que un grupo social privilegiado transmita al resto sus presuntas verdades. Y lo mismo se puede aplicar a la participación ciudadana en la vida política. Existen las posibilidades pero, ¿estamos preparados para aprovecharlas plenamente? ¿Hay algún interés en ello?
-¿Y qué aporta la poesía en semejante realidad? –continuaría mi querido amigo, aquel con el cual converso, que siempre va conmigo.
-Sabemos que las máquinas ya superan en algunos aspectos a nuestro cerebro. Pero la poesía podría coadyuvar, junto a otras artes y disciplinas, a recordarnos que somos algo más que obediencia y memoria. Podría sugerirnos que no tiene por qué quedar reservada a unos sectores determinados, sino que, de alguna manera, quizá debiera volver a formar parte de la vida de todos los pueblos.
- Ya, pero ¿para qué? ¿Qué puede la poesía?
- Quizá nada, quizá todo. Quizá su lentitud, su mirada preñada de ucronías nos permita intuir que todos somos otros. Quizá nos interrogue: ¿qué beneficio queda en una bala? Quizá constituya un intersticio de libertad, precisamente porque no se paga. Su titánico crecimiento ínfimo podría permitirnos sentir la disonancia de un acorde o contagiar la efímera alegría de un resquicio en el no ser. ¿Qué sé yo? Se ausenta cuando intentamos subyugarla y convertirla en herramienta. Sueña con un futuro descargado de armas. No aplaca la impotencia frente a tanta ignominia, mas logra transformarnos y confiere sentido en tanto que es búsqueda permanente. Nada útil, nada eficaz, nada rentable, ciertamente, mas ¿no será por ello imprescindible en esta realidad y en estos momentos, en que la tiranía de lo útil, lo eficaz y lo rentable nos niega individual y colectivamente, nos convierte en piezas intercambiables de un gran engranaje, nos arrastra hacia abismos que no deseamos ver?
Resultaría imposible sintetizar en unas líneas para qué y cómo se nos hace imprescindible la poesía, pero admito que es una de las escasas certezas que me quedan y que quisiera preservar.




Publicado en el Diari de Tarragona el 19 de octubre de 2011