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| Fotografías: José Ángel Hernández |
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| Fotografías: José Ángel Hernández |
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| Fotografía: José Ángel Hernández |
No tendré que comprar purín de ortiga. No tendré que ir a recolectar ortigas para hacerlo. Brotan y se extienden como nunca. Sabéis los múltiples usos de esta planta.
Lo que me alegra es el hecho de que esté presente con esa vitalidad. Es un indicador de que la tierra va mejorando año tras año. Es decir, que nuestro paso de la agricultura ecológica a la regenerativa está consumándose. Si el suelo es más fértil, está más vivo, no requiere fertilizantes, ni siquiera orgánicos.
En este rincón en concreto no habíamos intervenido (es un lugar de paso). Han bastado las lluvias y dejar la tierra en paz.

Fotografía: José Ángel Hernández
El ser humano y las sociedades han desarrollado la capacidad de analizar lo que sucede con la inigualable herramienta de la ciencia. Fuimos dejando atrás las explicaciones míticas (castigos o voluntad de los dioses, por ejemplo), aunque la tendencia al pensamiento mágico de etapas anteriores persiste en muchas mentes. En lugar de la intervención divina, podemos atribuir las causas de los acontecimientos a la presunta decisión de respuesta del "universo" o de "la tierra". De esta forma quedamos eximidos de comprender y, sobre todo, de asumir la responsabilidad que nos corresponde, tanto en lo sucedido, como en lo que vendrá.
No es posible abarcar personalmente todos los ámbitos de conocimiento. Por eso nos vemos abocados a confiar en las voces autorizadas en cada materia. El problema es cómo otorgamos esa autoridad en tiempos de confusión. Hay altavoces para cualquiera. Quien no sabe de nada, opina de todo y grita más, para que sus simples recetas ante problemas complejos se oigan por encima de los argumentos rigurosos y la realidad contrastada.
Debemos escuchar a los científicos. No hablo de creer, (la propia ciencia avanza conscientemente contra los dogmas), sino de confiar en el método científico frente a quienes viven de la ignorancia y combaten la razón para así seguir depredando el medio y a otros seres humanos. Son negacionistas para extraer recursos limitados, pero corren a intentar apropiarse de recursos y de rutas que surgen a consecuencia del deshielo.
A la ignorancia rogando y con el mazo dando.
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| Fotografía: José Ángel Hernández |
¿Cuántos desastres, cuántos récords históricos necesitarán los negacionistas del cambio climático para reconocer que su opinión y sus intereses no son nada al lado de la realidad que los científicos venían prediciendo en sus análisis desde hace décadas?
No hay peor ciego que el que no quiere ver.
Necesitamos afrontar lo que ya tenemos encima. Necesitamos planes de actuación urgentes a corto, medio y largo plazo, que minimicen los daños, las pérdidas humanas y materiales que comportan estos "fenómenos extremos". Cuanto más esperemos, intentando capear temporales e incendios "de nueva generación", más sufrimiento, más muertes, más catástrofes.
Llegamos tarde, pero puede que lleguemos. La península Ibérica está en el centro de cambios drásticos en el clima, que pueden ser afrontados entre todos o sufridos como un barco a la deriva.
Se trata de conceder prioridad a lo que es prioritario en sí mismo.
¿Estaremos a la altura?
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| Fotografía: José Ángel Hernández |
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| Fotografías: José Ángel Hernández |
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| Fotografía: José Ángel Hernández |
El poder que nos da internet aún no lo hemos descubierto en la práctica. En primer lugar porque lo usamos con las limitaciones de nuestros hábitos previos. La wikipedia se impuso inmediatamente a las primeras enciclopedias digitales que seguían los parámetros de siempre. Este ejemplo no nos lo aplicamos con suficiente agilidad el común de los mortales, a pesar de que construir conocimiento colectivamente es ahora más fácil que nunca. Otro ejemplo se dio en la pandemia, cuando la urgencia obligó a todos a ponerse al día y cooperar para poder afrontar la situación.
En segundo lugar, la voracidad de las compañías que roban nuestro tiempo aprovechan nuestras necesidades de distracción, de reconocimiento, etc. y generan nuevas necesidades que atrapan nuestra atención indefinidamente. De nuevo los conocimientos sirven a una mercadotecnia sin escrúpulos, en lugar de servir a las personas.
Según los descubrimientos de la neurociencia, la plasticidad de nuestro cerebro hace que nos habituemos a reaccionar a las características de los estímulos de las nuevas tecnologías y eso termina transformando el propio cerebro.
Imagino si nosotros tomásemos las riendas de ese proceso, autoeducándonos, decidiendo hacia dónde transformamos el propio cerebro. Para ello primero hay que ser conscientes de la importancia de lo que está en juego, y después actuar personal y colectivamente. Merece la alegría plantar cara a la comodidad de dejarse llevar hacia la propia alienación, y optar por la libertad.
Recuerdo que yo no tenía ni idea de agricultura ecológica. Gracias a internet aprendí cuanto sé, pasé a la agricultura regenerativa y después a la sintrópica. Gracias a internet puedo escuchar conferencias, audiolibros, podcast, etc. sobre cualquier materia mientras realizo labores cotidianas. Procuro decidir yo, que nadie decida por mí.
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| Fotografía: José Ángel Hernández |
La agricultura sintrópica demuestra que, mediante un manejo adecuado, la alta densidad de plantas diversas beneficia a todas. No hay competencia, como nosotros la imaginamos, sino ayuda mutua, fundamentalmente. No hablo desde la teoría. Lo compruebo a diario.
Nuestro miedo es el que crea escasez, al pensar en términos de competencia por recursos que nosotros mismos vamos degradando. Confiar en el poder de regeneración de la naturaleza crea abundancia.
¿Aprenderemos los humanos?
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| Fotografía: José Ángel Hernández |
La uniformización, causa y consecuencia de la violencia, así como la aquiescencia, causa y consecuencia de la opresión, pueden acabar con el pensamiento, causa y consecuencia de la libertad personal. Especialmente si persiste la distancia entre el desarrollo de nuevas tecnologías y el subdesarrollo ético.
Nací el mismo año que esta canción.
Al principio no entendía la letra, pero su tono resonaba contra la soledad en medio de las multitudes.
Fue una de las primeras canciones que intenté aprender a tocar de oído, sin maestros ni tecnologías. Al principio sin saber el idioma, cuya fonética se me haría familiar gracias a las canciones de esa generación.
Más tarde pude comprender la letra. No defraudó.
Los filósofos ya habían analizado a esas alturas el sentimiento de soledad del hombre convertido en masa. Pero las masas no leen filosofía. Necesitan el arte para reconocer sus sentimientos. Al final, si es arte, las voces terminan compartiéndolo.
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| Fotografía: José Ángel Hernández |
Primero asesinaban negros. Después hispanos e inmigrantes en general. Al final, a cualquier ciudadano.
Dirán que es terrorista, traficante o lo que quieran. Quien dispara primero, quien invade flagrantemente, hablará de defensa.
Mueven sus peones en todos los países. Siembran el terror. Amparan y cometen genocidios.
Se ciscan en la ley. Quieren acabar con todos los derechos y con la dignidad humana. No tienen nunca bastante poder ni bastante dinero. La democracia estorba a su codicia.
Si les votas, después es todo más difícil. Cuesta vidas. Si no te opones pacíficamente, inteligentemente, tienen las manos libres en Occidente y en Oriente, en el Norte y en el Sur. Se han quitado las máscaras.
Piensa con tu cerebro mientras puedas.
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| Fotografía: José Ángel Hernández |
"Que cada uno haga lo que pueda", es una conminación capciosa. Depende del sentido que tengan las acciones, nuestra valoración será muy diferente. Recuerdo un póster que me impresionó en la infancia, con el rostro de Beethoven y unas líneas:
"Hacer todo el bien posible, amar la libertad sobre todas las cosas y aún cuando fuera por un trono, nunca traicionar a la verdad".
Si estos fueran los principios que guiasen las acciones... Por eso hay que pensar antes de actuar. Sobre todo en tiempos como los actuales.
Que cada uno piense cuanto pueda.
Sólo hay algo que hipnotiza como el fuego, como ver caer la nieve al abrigo de un techo. Algo atávico que nos fue definiendo: lo buscan la palabra, la música, la forma, el gesto, la caricia...
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| Fotografía: José Ángel Hernández |
Solsticio lluvioso. Canciones que nos ofreció el tiempo. El cuerpo se hace al frío. Surge una inquietud:
¿Por qué el progreso no escuchó a los ancianos de los pueblos a los que condenaba? ¿Por qué el progreso no escuchó a los ancianos y a los excluidos de las propias sociedades dominantes? ¿Por qué el progreso no atendió a las señales de la naturaleza? ¿Por qué el progreso ignoró lo mejor de cada cultura humana?
¿Por qué se le llamó progreso a tanta sinrazón sorda y ciega?
¿Estaremos a tiempo aún de escuchar y de aprender?
Desde hace años me he propuesto sucesivas inmersiones en autores cuyos libros se han relegado a los almacenes de las bibliotecas, que la academia dejó de lado (algunos remanecen inevitablemente por su vigencia), cuya verdad seguirá llamando a nuestra puerta mientras corremos tras el humo que nos ponen ante los belfos, espoleados entre luces artificiales. A ver quién pone más en estas fiestas.
Jóvenes, no me escuchéis.
Hoy sé que los acordes iniciales, con ese sonido inconfundible, parten de una guitarra de doce cuerdas.
Esperaba este tema para que mis manos apenas se atreviesen a rozar tu cintura.
Teníamos catorce años.