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jueves, 29 de enero de 2026

Decido yo

Fotografía: José Ángel Hernández 


El poder que nos da internet aún no lo hemos descubierto en la práctica. En primer lugar porque lo usamos con las limitaciones de nuestros hábitos previos. La wikipedia se impuso inmediatamente a las primeras enciclopedias digitales que seguían los parámetros de siempre. Este ejemplo no nos lo aplicamos con suficiente agilidad el común de los mortales, a pesar de que construir conocimiento colectivamente es ahora más fácil que nunca. Otro ejemplo se dio en la pandemia, cuando la urgencia obligó a todos a ponerse al día y cooperar para poder afrontar la situación.

En segundo lugar, la voracidad de las compañías que roban nuestro tiempo aprovechan nuestras necesidades de distracción, de reconocimiento, etc. y generan nuevas necesidades que atrapan nuestra atención indefinidamente. De nuevo los conocimientos sirven a una mercadotecnia sin escrúpulos, en lugar de servir a las personas.

Según los descubrimientos de la neurociencia, la plasticidad de nuestro cerebro hace que nos habituemos a reaccionar a las características de los estímulos de las nuevas tecnologías y eso termina transformando el propio cerebro.

Imagino si nosotros tomásemos las riendas de ese proceso, autoeducándonos, decidiendo hacia dónde transformamos el propio cerebro. Para ello primero hay que ser conscientes de la importancia de lo que está en juego, y después actuar personal y colectivamente. Merece la alegría plantar cara a la comodidad de dejarse llevar hacia la propia alienación, y optar por la libertad.

Recuerdo que yo no tenía ni idea de agricultura ecológica. Gracias a internet aprendí cuanto sé, pasé a la agricultura regenerativa y después a la sintrópica. Gracias a internet puedo escuchar conferencias, audiolibros, podcast, etc. sobre cualquier materia mientras realizo labores cotidianas. Procuro decidir yo, que nadie decida por mí. 



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