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| Fotografía: José Ángel Hernández |
Elegí la delicadeza frente al constructo de la virilidad.
Jugué a la comba con la aquiescencia de quien me importaba (mi madre), frente a un régimen interiorizado sin sentido.
Me siguieron, dubitativos, los amigos y el patio fue el estallido de la primavera. Las niñas comenzaron a jugar a rugby con nosotros.
Elegí el coraje de la delicadeza. Y lloré como un niño cuando me hizo falta, frente a los cenutrios.

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