Hace tiempo que comenté en familia esta idea, como tantas otras que suelen cosechar sonrisas o carcajadas de escepticismo y que, con el tiempo, se vienen a desarrollar. Entonces es la mía: se lo comparto, cuando la tecnología y otros factores lo han hecho posible. No gano nada, pero la satisfacción íntima es innegable. Pensar nunca es inútil, aunque sean otros los que llevan a cabo las ideas.
Las ideas, en abstracto, no se pueden registrar en el Registro de la propiedad intelectual, me dijeron en cierta ocasión. Lo importante es que se realice y pueda beneficiar a todos.
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