La incredulidad es un lujo terrible.
El deseo que habla y que grita es siempre torpe;
es al deseo que calla al que debemos temer.
Hacemos más por quienes tememos que por quienes amamos.
¡Para amar suficiente hay que amar demasiado!
El tiempo es la ribera del espíritu; todo pasa frente a él, y uno cree que es él el que pasa.
El ejército del que uno se vale para sojuzgar está él mismo sojuzgado, y el martillo recibe tantos golpes como el yunque.
El estómago es la tierra donde germina el pensamiento.
La peor rueda es la que hace más ruido.
¿La eternidad? Sin duda me encantará; uno entra en ella tumbado.
Pensamientos y Rivariolianas. Periférica, Cáceres, 2006
Entradas populares
-
L as vicisitudes de la historia no pueden con la poesía, no pueden con las personas que defienden la vida y la dignidad. Gracias a la vida...
-
Fotografía: José Ángel Hernández Museo Paco Tito Unas breves palabras de agradecimiento. Los ordenadores no pueden ni podrán nunca conse...
-
Fotografía: José Ángel Hernández Raíces en las rocas. Tu mirada ante el mar. Caminar aprendiendo.
-
Vídeo: José Ángel Hernández Durante muchos siglos la costumbre fue ésta: aleccionar al hombre con historias a cargo de animales de voz do...
-
Fotografía: José Ángel Hernández La vejez no derrocha energías tontamente. Necesita aprender estrategias que sustituyan la fuerza por áni...
-
Fotografía: José Ángel Hernández Lo ingenuo es creer que se va a superar la barbarie mediante barbarie.
-
Fotografía: José Ángel Hernández La uniformización, causa y consecuencia de la violencia, así como la aquiescencia, causa y consecuencia de...
-
Fotografía: José Ángel Hernández Cuando pretendemos evitar la responsabilidad de decidir, dejando que alguien decida por nosotros, ello s...
-
Fotografía: José Ángel Hernández El ser humano y las sociedades han desarrollado la capacidad de analizar lo que sucede con la inigualabl...
No hay comentarios:
Publicar un comentario