31/5/11

Tertulia de Poesía Mediona 15

Us convida a la presentació dels 3 nous poemaris de la col·lecció Cuadernos de la Perra Gorda, Lisboa Blues de Juan Carlos Elijas, Al ruiseñor aquí nos los comemos de Iván Díaz Sancho y Donde la semilla fue árbol de Juan González Soto.


Dijous 2 de juny de 2011, 8 de la tarda, a "La Vaqueria", carrer de Rebolledo, Tarragona

30/5/11

DIBUJOS

El humo es una serpiente blanca
que enlaza besos con cenizas,
que prende recuerdos en armarios.


El humo sugiere cadencias adormecidas,
insinúa silencios entre sábanas sabias,
desliza caras,
cuerpos desnudos,
pieles enfermas de amor.


El humo se desvanece entre trazos volátiles,
deviene aire transparente, fluidez constante.


Con el aire desaparecen los recuerdos,
serpientes que deslizan las cenizas del deseo.



Iris de sombras. Cuadernos de La Perra Gorda - Tertulia Mediona 15, Tarragona, 2003

Elección

Las palabras: puertas a la calle o entrada al laberinto.



Epigrafías. Silva Editorial. Tarragona, 2011

29/5/11

Entendederas

Porque ésta es la escala gradual de nuestro entendimiento: primero, entender las cosas o creer que las entendemos; segundo, entenderlas bien; tercero, entenderlas mejor; cuarto, entender que no hay manera de entenderlas sin mejorar nuestras entendederas. Cuando esto lleguéis a entender, estaréis en condiciones de entender algo, o sea en los umbrales de la filosofía, donde yo tengo que abandonaros (…)


24/5/11

Cuando a la gente se la despoja de su rostro amontonándola, primero se convierte en rebaño y después en jauría.





17/5/11

Levántate, mi vida, que ya apunta la aurora;
bebe muy suave el vino, puntea el arpa y toca.
De aquellos que marcharon, no volverá ninguno.
Y, para quienes quedan, la estancia será corta.



Robaiyat. DVD poesía, Barcelona, 2002

18:23

Recordo, sovint, aquells capvespres d'hivern,
el bestiar recollit, les eines endreçades,
el temps mandrosejant
per tots els racons de l'estança,
conversa d'adults al voltant de la llar
i el foc guanyant lentament,
tan lentament,
el pols a la meva mirada...
El bestiar recollit, les eines endreçades,
el temps mandrosejant
per tots els racons de l'estança,
conversa d'adults al voltant de la llar
i la nit caient finestra enllà
entre l'oliverar, com una estampa.
Ho recordo, sovint, ara
que m'acullen cambres sense llar
i no sé finestres, tan sols, potser, escletxes,
i en va cerco el poder hipnòtic d'un altre foc
on reposar, un temps, el pes de la mirada.


El que queda del dia. Ediciones El Carro del Sol, Barcelona, 2000

15/5/11

El deshollinador


The Chimney Sweeper, de W. Blake from blocsdelletres on Vimeo.



Cuando mi madre murió yo era muy joven,
y cuando mi padre me vendió mi boca
apenas podía gemir, gemir, gemir, gemir,
así que limpio chimeneas y duermo en el hollín.

Un día el pequeño Tom Dacre lloró cuando raparon
su cabeza rizada como el lomo de un cordero,
y le dije “¡Calla, Tom! No importa, porque con
la cabeza desnuda el hollín no arruinará tu pelo claro.”


De modo que se calmó, y aquella misma noche,
¡durante el sueño tuvo una visión!
donde miles de deshollinadores, Dick, Joe, Ned y Jack,
estaban todos prisioneros en ataúdes negros.

Y llegó un Ángel que tenía una llave brillante,
abrió los ataúdes y los puso en libertad;
entonces por un verde prado corren brincando y riendo,
y se lavan en un río, y brillan bajo el sol.

Luego desnudos y blancos, abandonadas sus bolsas,
se encaraman a las nubes y juguetean con el viento,
y el ángel le dice a Tom que si se comporta bien,
tendrá a Dios como padre y no carecerá de alegrías.


Tom despertó entonces, y nos levantamos en la oscuridad,
y con nuestras bolsas y cepillos salimos a trabajar.
Si bien la mañana era fría, Tom se sentía feliz y abrigado;
pues quienes cumplen sus deberes nada tienen que temer.



London Philharmonic Orchestra - Another Brick In The Wall. Poema de Fernando Pessoa legenda from ThinkFloyd61 on Vimeo.

14/5/11





Nunca conocí a nadie a quien le hubiesen roto la cara.

Todos mis conocidos fueron campeones en todo.
...Y yo, que fui ordinario, inmundo, vil,
un parásito descarado,
un tipo imperdonablemente sucio
al que tantas veces le faltó paciencia para bañarse;
yo que fui ridículo, absurdo,
que me llevé por delante las alfombras de las formalidades,
que fui grotesco, mezquino, sumiso y arrogante,
que recibí insultos sin abrir la boca
y que fui todavía más ridículo cuando la abrí;
yo que resulté cómico a las mucamas de hotel,
yo que sentí los guiños de los changadores,
yo que estafé, que pedí prestado y no devolví nunca,
yo que aparté el cuerpo cuando hubo que enfrentarse a puñetazos.
Yo que sufrí la angustia de las pequeñas cosas ridículas,
me doy cuenta que no hay en este mundo otro como yo.

La gente que conozco y con la que hablo
nunca cayó en ridículo, nunca fue insultada,
nunca fue sino príncipe - todos ellos príncipes - en la vida...

¡Ah, quien pudiera oír una voz humana
confesando no un pecado sino una infamia;
contando no una violencia sino una cobardía!
Pero no, son todos la Maravilla si los escucho.
¿Es que no hay nadie en este ancho mundo capaz de confesar que una vez fue vil?
¡Oh príncipes, mis hermanos!

¡Basta, estoy harto de semidioses!
¿Dónde está la gente de este mundo?
¿Así que en esta tierra sólo yo soy vil y me equivoco?

Admitirán que las mujeres no los amaron,
aceptarán que fueron traicionados - ¡pero ridículos nunca!
Y yo que fui ridículo sin haber sido traicionado,
¿cómo puedo dirigirme a mis superiores sin titubear?
Yo que he sido vil, literalmente vil,
vil en el sentido mezquino e infame de la vileza.

Lo que esperamos

Tardará, tardará.

Ya sé que todavía
los émbolos,
la usura,
el sudor,
las bobinas
seguirán produciendo,
al por mayor,
en serie,
iniquidad,
ayuno,
rencor,
desesperanza;
para que las lombrices con huecos portasenos,
las vacas de embajada,
los viejos paquidermos de esfínteres crinudos,
se sacien de adulterios,
de hastío,
de diamantes,
de caviar,
de remedios.

Ya sé que todavía pasarán muchos años
para que estos crustáceos
del asfalto
y la mugre
se limpien la cabeza,
se alejen de la envidia,
no idolatren la saña,
no adoren la impostura,
y abandonen su costra
de opresión,
de ceguera,
de mezquindad.
de bosta.

Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
-no cajas de caudales,
ni perchas desoladas-,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.

Y entonces...
¡Ah!, ese día
abriremos los brazos
sin temer que el instinto nos muerda los garrones,
ni recelar de todo,
hasta de nuestra sombra;
y seremos capaces de acercarnos al pasto,
a la noche,
a los ríos,
sin rubor,
mansamente,
con las pupilas claras,
con las manos tranquilas;
y usaremos palabras sustanciosas,
auténticas;
no como esos vocablos erizados de inquina
que babean las hienas al instarnos al odio,
ni aquellos que se asfixian
en estrofas de almíbar
y fustigada clara de huevo corrompido;
sino palabras simples,
de arroyo,
de raíces,
que en vez de separarnos
nos acerquen un poco;
o mejor todavía
guardaremos silencio
para tomar el pulso a todo lo que existe
y vivir el milagro de cuanto nos rodea,
mientras alguien nos diga,
con una voz de roble,
lo que desde hace siglos
esperamos en vano.



10/5/11




Delícia d'aquestes flors
que cullo
pensant en tu.





Si et digués, amor,
que les flors no són totes flors...
(no tot ikebana està fet de flors).





Sé que ignores
el migdia de la magnòlia,
peus caminant
sobre la immensitat
de l'asfalt
i una ressonància de Lorca,
milers d'ulls,
de vidre,
ens contemplaven...







Ikebanes d'aire. Ed. Clau d'Euterpe, Barcelona, 2000. Il·lustracions Pepa Reverter.

9/5/11





Bastaría con tirar del hilo transparente.
Pero estamos demasiado ocupados
                                                             en no recordar.
Cada cual construyendo su nada
con el barro de un pequeño olvido:
Todos
           somos otros.

Ucronía e hilván. El Bardo, Sant Cugat del Vallès, 2009




El teixit del temps

José Ángel Hernández Sánchez (Lumbrales, Salamanca, 1964) va obtenir un guardó dos anys consecutius al Premi Santa Perpètua de la Mogoda de Poesia i Contes, el 1996 un accèssit i el 1997 el segon premi. L’any 1997 va aconseguir també un accèssit al Premio de Poesía José María Valverde. Alguns anys després d’haver publicat les obres guanyadores d’aquests certàmens, De las crines de fuego. Con los ojos cerrados (1996) i Esperando la nieve fundida (1997), va editar a Tarragona el que es pot considerar el seu primer gran poemari, Inercia de arena (1999). En aquest llibre ja s’hi contenen les qualitats essencials d’una poesia a la vegada adusta i riquíssima en sonoritats i en ritme, plena en continguts, en significacions i, a la vegada, intensament preocupada per la depuració formal.
Deu anys després de la publicació d’aquell primer llibre de poemes, apareix a la barcelonina col·lecció El Bardo Ucronía e hilván (2009), llibre que, en sentit estricte, en conté dos. El primer, Ucronía, s’obre precedit per un lema, un vers del poeta romanès Paul Celan: andadora del mar crepita la palabra. Caldrà avisar l’atent lector sobre el significat de la paraula ‘ucronia’, que, elaborada a partir de dos vocables grecs, ‘ou’ (‘no’) i ‘cronos’ (‘temps’), persegueix un parentiu amb ‘utopia’, la designació del filòsof Thomas Moro. Si ‘utopia’ és el no lloc, el lloc del que és irrealitzable, del que és impossible, ‘ucronia’ significa etimològicament el temps que no existeix. En l’àmbit estrictament literari, ‘ucronia’ és un subgènere dins de la ciència-ficció o, si més no, de la història-ficció: S’elabora una trama a partir d’un punt en el passat en què un esdeveniment va succeir de manera diferent a com va ocórrer en realitat. Es tracta de fer una especulació històrica: S’elabora una ficció a partir, per exemple, del supòsit que la nostra guerra civil la van guanyar els que la van perdre. Els elements indicats (no l’exemple, evidentment) haurà de tenir-los en compte el lector per navegar cap a l’Ucronía que proposa José Ángel Hernández Sánchez i que avança en tres parts amb títols musicals, “Armónicos”, “Disonantes”, “Pentatónica”.
Sabernos / materia contra el tiempo pot llegir-se a un dels poemes d’Ucronía, i potser és aquest el centre essencial dels versos que avancen perseguint la memòria, creant paisatges, escenes, moments en què temps, imaginació i desitjos s’ajunten per dissoldre allò que a l’home enfonsa i fereix: Cambiar pequeñas cosas / para que nada siga igual.
El segon llibre porta per títol Hilván de humo. Està precedit per un vers d’Antonio Gamoneda: Las preguntas no existen en el idioma de la ocultación: Todo está dirimido. Quatre parts, “Falsos”, “Retales”, “Ojales”, “Jirones”, conformen un poemari en què la complexitat verbal no allunyarà el lector d’allò que el poeta desitja anomenar com a centre absolut de la seva obra: La paraula com a element inaugural i principal, únic capaç de donar llum i d’ocultar, d’atorgar la veritat i de prodigar la mentida: Así como el fuego logra parar el fuego, / la palabra / —aún futuro— / puede acabar con la palabra. / De su hilo de humo / pendemos. El poeta, així, expressa la seva absoluta fe en la paraula poètica: Precisamos / la hebra del verso / que hilvane la vida. En definitiva, Hilván de humo arriba a ser la completa poètica amb la qual José Ángel Hernández desitja mostrar-se.
Ucronía e hilván, a la vegada síntesi i recerca, a la vegada compendi i troballa, serà per al lector la mostra d’una poesia que, partint d’una elaborada construcció formal, musicalitat i imatges, suma d’ecos i cadències, exuberància verbal, ofereix una reflexió sobre l’ésser humà, el seu temps, el seu fat. I proclama que, per damunt de tot, la paraula és i continuarà essent l’eina necessària que l’home posseeix per enfrontar-se al seu destí.

JUAN GONZÁLEZ SOTO, 25 de setembre





                       Foto: El pequeño teatro de los libros -Zaragoza-



Este es un libro esencial que habla del devenir, de “la utopía en el tiempo” como señaló Charles Bernard Renouvier, que se instala en la pregunta eterna ¿qué pasaría o qué hubiese pasado si…?
Una pregunta necesaria: obligación de todo individuo es preguntarse por la verdad de su tiempo para acercarse a las propias verdades, preguntarse también qué hubiera pasado si el mundo no fuera en esencia como creemos que es, si en algunas ocasiones la moneda hubiera caído del otro lado. Y es un libro que también habla de la errancia, de ese caminar sin fin por la vida, pero no por la vida misma, sino por la imagen que tenemos de ella.
La narración del tiempo y de la realidad es una reinterpretación humana y por ello susceptible de ser errónea, idealizada o banal. De eso habla la segunda parte del libro, de un hilo argumental en el que los ojos no ven (ceguera por desconocimiento, por exceso de luz, por falta de perspectiva) y no pueden hacerlo pues carecen de la capacidad necesaria para ello (o deben no ver demasiado para poder sobrevivir): “Cuando los ojos necesitan/ no ver./ Cuando huye el corazón”.
Ucronía e hilván de José Ángel Hernández es una reconstrucción de los hechos y de las esencias, un sendero para entender la existencia a través de la belleza y de lo terrible de la propia vida: una ventana que en apariencia permite la entrada de la luz pero que es la entrada a un vagón de emigrantes. Se plantea lo que el individuo conoce y que reflexiona sobre lo que no conoce. Duro trabajo este, de entender la vida sin todos los datos.

IGNACIO ESCUÍN BORAO


Heraldo de Aragón. Artes & Letras. 15 de abril de 2010


     Magda Guillén recitando poemas de Ucronía e hilván.
          Presentación en Tarragona. Foto: Juan Antonio Hernández



A José Ángel



La paciencia es una virtud considerable que, apenas sirve de nada, si no va unida a una confianza en las capacidades de cada autor en su actividad literaria. Dadas las circunstancias del mundo actual, las posibilidades del éxito o del fracaso de una obra son consecuencia, en general, de factores ajenos a la propia obra y a los méritos del autor. El hecho de publicar poesía, más difícil de lo que parece, es motivo de satisfacción, para los amigos y entusiastas; pero más lo es cuando el lector se encuentra con una obra calibrada por el más severo ejercicio crítico y atemperada por el devenir de los acontecimientos.
Ucronía e hilván de José Ángel Hernández es un libro serio y refinado, colorido y sin edulcorar, reposado y repuesto contra sombras y turbulencias. Es un libro que señala el umbral, que apenas da respiro, aunque no produzca desasosiego, como aquellos textos crepusculares del portugués Pessoa.
Es un libro que desde el centro de la vida, no desde el corazón, desde la turbina que agita el dolor, se va acrecentando y extendiéndose, radial pero sin pausa, hacia los extremos, hacia el límite de la experiencia humana, que no es otro que el de la palabra.
Conocer el universo es la gran y ardua tarea, imposible si no existiere la humildad de confrontarse a sí mismo y tratar de conformar la propia extensión de cada cual, más allá de los signos vacíos, de los guiños diarios al tiempo, gran escultor, y mayor maquillador de conciencias y actitudes. “Nombrar la idea / es disponer de un símbolo/ y sus sombras/ protegen las reglas que lo engendran”.
Porque nos justificamos a todas horas, porque muchas veces ni siquiera sabemos por qué nos justificamos ni por qué actuamos como lo hacemos, sabiendo que la elección entre dos males siempre es otro mal, que no hay mal menor, como no hay palabras menores. Porque la poesía es respiración y caminar, un palpar en la oquedad que va dejando el transcurso del tiempo. La poesía es un vagar y un divagar y un no poder ir más allá de lo que conforma la propia expresión poética, un clima donde vivir y unos sonidos en los que guarecerse en días de tormenta.

FELIPE JUARISTI



5/5/11

Contigo somos el invierno, aguantamos





Contigo somos el invierno, aguantamos
de pie, serenos como aquel negrillo que en ti
se olvida y crece. Nube apenas los labios
si el horizonte no se alcanza y seguimos
de por vida vaciando aquí las retinas sin el menor
indicio de abandono, los higos, como si estuviéramos
cavando aún la tierra, surcos de berzas
larguiluchas. Y el paso de las estaciones nos vuelve
cada vez más retrógrados, vegetales, ajenos
al despuntar del alba por el mundo. Por toda
compañía mesetas de granito y el esplendor
de los viñedos sobre el Duero. Línea a línea
tus labios soy y somos al fin nubes a punto
de zarpar porque nuestros mayores nos enseñaron
una resignación que no aceptamos. Aunque
seamos para siempre esta tierra donde nos resecamos
al fondo del silencio, la memoria, un deseo
de musgo en las aldabas de las puertas. En su vuelo
de roca no debemos descifrarnos porque somos
la tierra, sin retorno. Y ahora mi mirada
son tus pupilas en Figueira da Foz, la inmensa
playa de tu palbra dignidad, con el pudor transmontano
del campesino. Lo presiento. Los higos. O un veinticinco
de abril en Nazaré, sin balas y en caliente, quebradiza
la  luz donde rompía la marea, una casa junto
al mar. O en otra, en São Martinho de Anta, los sitios
de costumbre, la extrema brevedad de un verso
cuando, al hundirse, el ojo se distancia y en más
sombra se trunca. Somos la tierra, sabemos manejar
el dalle y afilar los vestigios que nos hablan a orillas
del Mondego. Por eso nos amurallamos con frecuencia
donde la lluvia trae su sosiego a nuestro
alrededor. La tierra es cauta, somos su sequía. La tierra
es dura, somos su soledad. El centro de la luz
es un pálpito a cuerpo limpio, quebradizo, sin mediación
alguna. Como sal a la nieve el desamparo nos exime
del fulgor espejismo del presente, de escribir lo más
delgado que ilumina de súbito. Así, la huida
es el regreso, somos, seremos siempre la tierra
contigo. Seguiremos arremetiendo contra el muro
toda la vida, por el mismo lugar. De frente. Juntos.


                                                                               -CISCO DE BREZO-


El tiempo de los usureros. Hiperión, Madrid, 2003



AUTORRETRATO

LO MEJOR DE MI CARA es la lechuza. Vive impasible, subida a unas zarzas blancas. A veces noto el roce de su plumaje amarillo en la frente, o de sus uñas negras que dan cuerda al tiempo en mis arrugas. Me desvela las noches en que caza demasiado, y las mujeres me consolaron al oír su graznido lúgubre cuando volaba. Si me pongo delante de un espejo, no puedo sostenerle la mirada.


Los hombres intermitentes. Hiperión, Madrid, 2006

AYER

Ayer estuve muerto,
supino, agazapado entre las voces
del día. Me llamaron de repente
-fue ayer-, querían verme
en mi costado de costumbre,
en mi turbia silueta de persona diaria.
Ya les dije: he muerto y me parece
que esta tarde no estoy en mi indumento
ni en mi risa,
disculpadme.

Ayer estuve muerto hasta la cena.
Me morí como siempre
de un dolor pequeñito en el recuerdo,
de esas nubes tenaces, de esas lloviznas crónicas
que encharcan mansamente las rayas de mi mano,
haciéndose más grandes y más grises
según transcurre el día por medio de mi cara.

Bien sé que es poco lo que cuento y que, no obstante,
es mucho,
y que es incómodo
morirse a cada instante, y que a este paso,
si no pongo remedio,
dejarán de llamarme los amigos.

Ayer me di a la sombra, perdonadme.


Yo quisiera llover. Demipage, Madrid, 2010