30/5/14

Más acá del ombligo



Un fantasma no recorre Europa. Europa, sea lo que sea, dejó de creer en fantasmas. Pareciera, no obstante, que algo se está moviendo, aunque no seamos creyentes, sino "dudantes". A cierta edad, vieja Europa, es difícil ilusionarse, y más difícil aún volver a comulgar con ruedas de molino. Sin embargo, más acá del ombligo de la estética y por debajo de la lucidez, de la serenidad que brinda la distancia, persiste el sufrimiento provocado.
La desesperación no es el camino, mas empecinarse en seguir provocándola, sólo puede conducir al abismo.
En otra época se habrían tildado mis palabras de catastrofistas. Las guerras parecían tan lejanas, las amenazas a la libertad tan extrañas, la explotación un concepto ideológico…

27/5/14

El árbol, el río, el hombre






Al árbol ya cortado
No lo claves en tierra
Porque su copa seca
No engañara a los pájaros

Al río que discurre
No le levantes diques
Porque en el aire libre
Cabalgaran las nubes

Al hombre desterrado
No le hables de su casa
La verdadera patria
Caro lo está pagando

El árbol ya cortado
El río que discurre
Y el hombre desterrado
Caro lo están pagando


Poema de Julio Cortázar
Melodía Catalana: El Testamento de Amelia

http://www.atahualpayupanqui.org.ar/canciones/hombre.html

25/5/14

¿Pan y circo?


Recortes y fútbol.




… iam pridem, ex quo suffragia nulli uendimus, effudit curas; nam qui dabat olim imperium, fasces, legiones, omnia, nunc se continet atque duas tantum res anxius optat, panem et circenses.

… desde hace tiempo —exactamente desde que no tenemos a quien vender el voto—, este pueblo ha perdido su interés por la política, y si antes concedía mandos, haces, legiones, en fin todo, ahora deja hacer y sólo desea con avidez dos cosas: pan y juegos en el circo

JUVENAL, Sátiras X, 77–81



¡Pan y toros, y mañana será otro día! Cuando hay, saquemos tripa de mal año, luego... ¡no importa!
MIGUEL DE UNAMUNO



Haya pan y haya toros, y más que no haya otra cosa. Gobierno ilustrado: pan y toros pide el pueblo. Pan y toros es la comidilla de España. Pan y toros debes proporcionarla para hacer en lo demás cuanto se te antoje in secula seculorum. Amen.
LEÓN DE ARROYAL 


21/5/14

Preguntas del ingenuo del verso



Pero ¿era democracia -según la entendemos hoy- una ciudad de unos 350000 habitantes, donde sólo 20000 tenían derecho a voto, pues hay que excluir a las mujeres, a los esclavos y a los metecos (o extranjeros) aunque llevaran tiempo viviendo en la ciudad? De más está decir que la mayoría de los con derecho a voto pertenecían a las familias patricias, por eso pudo señalar Max Weber que la democracia ateniense era "una camarilla que se reparte el botín". (...) Volney -mucho antes- había sido más duro: "Sin los esclavos, veinte mil atenienses no hubieran podido deliberar todos los días en la plaza pública".

Luis Antonio de Villena. Artículo en el Cultural 21-27 de marzo de 2014. El mundo de Atenas, de Luciano Canfora. Ed. Anagrama.

¿Era una democracia Atenas?
¿Era un socialismo los países llamados de socialimo real? ¿O una dictadura cuartelera en la que un puñado de burócratas imponían, mediante el terror, sus "planes"?
¿Estamos en una democracia real cuando hacen lo que quieren con nuestro voto, cuando nuestros representantes, en el supuesto de que quisieran representar nuestra voluntad, se encuentran atados de pies y manos o, cuando menos, condicionados por el poder económico?

¿Se trataría, una vez más, de caer en la demagogia populista, o de profundizar en la democracia, exigiendo que sea cada vez más real?
Comienzo por pensar, continuo expresándome, mientras pueda. Se puede, con una condición: no esperar a que hablen por nosotros.


17/5/14

Preguntas del ingenuo del verso





-¿Cuánto cuesta cada sobre de propaganda electoral? Si al menos sirviese para el váter... ¿Dónde podríamos sugerir que todo el dinero que se gastan en propaganda, lo dedicasen a sanidad, enseñanza y servicios sociales?



13/5/14

EL RENCOR




Comentaba un conocido, llegado de una pequeña capital de provincias, allá donde traza el Duero curva de ballesta, como escribió Machado, que en el País Vasco se siente y se huele el rencor. Me extrañó su apreciación; pero, más tarde, tuve que confesar que, inmersos como estamos en los asuntos cotidianos, apenas tenemos tiempo de reflexionar sobre los mismos. Me acordé de una apreciación realizada por un buen profesor de literatura, el cual afirmaba que no bastaba con leer, sino que, además, había que repensar lo leído, hasta dar con las claves que permitieran esclarecer el texto. Quería decir que desde fuera todo se ve de distinta forma.
El rencor es amigo del odio y hermano del resentimiento. El rencoroso es un desdichado que supone que hay alguien en este mundo culpable de su desgracia y causante de su daño, con quien entrará tarde o temprano en colisión. Lejos de mantener en silencio dicha pugna, el rencoroso lo irá proclamando a los cuatro vientos, intentando, de ese modo, crear a su alrededor una corriente favorable que le exima de la pasión que lo atenaza y convierte en esclavo. No pretende tener razón, le basta con que se la concedan, como a locos o borrachos; ni desea que le restituyan, en bienes, el mal que supuestamente le han causado. Quiere aniquilar, física o moralmente, al otro, a ese ser a quien acusa de su situación, y con el cual no está deseoso ni preparado para dialogar. No busca la justicia, ni la instauración de algún orden anterior, sino la venganza. No desiste, porque en su interior yace una desazón tal que, necesariamente, necesita ser alimentada, para que jamás se consuma. Quien habita en el rencor, habita en la infelicidad perpetua.
Hay que reconocer, por otra parte, que vivimos tiempos de frustración y desengaño. Lo que pudo haber sido y no fue pesa sobre las conciencias de muchos, como una losa de granito y, en la impotencia, antes de mirarse y analizar sobre la responsabilidad de cada cual en el devenir de las cosas, se mira a otra parte, buscando la causa de esa situación. Ahí, donde está el otro, el centro de las envidias, se encuentra la fuente de los agravios. Porque uno no es culpable de nada, sino el otro, o los otros. Son ellos quienes, con su pura existencia, impiden la satisfacción de los deseos.
El rencoroso, en el fondo, es un ser débil que, asustado con la vida, busca su reverso, la muerte; y antes que la alegría escoge la tristeza.



Publicado en El Diario Vasco el 10 de mayo de 2014

8/5/14

MODAS





Siempre me he preguntado por qué tantos hombres y mujeres sucumben a la necesidad imperiosa de seguir el ritual impuesto por la moda, que consiste, en definitiva, en devorar el tiempo, en digerirlo rápidamente y luego, como si fuera una excrecencia, arrojarlo lejos, en alguna parte donde su visión no produzca remordimiento.
La moda sólo conjuga un tiempo verbal, el presente, fugaz y transitorio, donde cada instante dicta su ley y abre el abanico de su oportunidad. Ya lo decía Coco Chanel, que sabía del tema: “La moda se pasa de moda; el estilo, jamás”. El estilo es como el esqueleto humano, apenas cambia con la edad, y sostiene el cuerpo, toda esa maraña de nervios, músculos, como una columna maestra sostiene el edificio. Pero hace tiempo que el estilo dejó de estar de moda, y se hizo obsoleto; y los esqueletos sólo son admirados cuando se encuentran en antiguos sarcófagos.
Ir a la moda significa ir apurando el tiempo, no darle tregua, no darse descanso en busca de lo excelso o, simplemente, de la visibilidad deseada. Uno de los males que aqueja a una parte de nuestra sociedad es el miedo a la invisibilidad, a ser insignificantes, a convertirse en artículos o mercancía prescindible y usada. De ahí el afanoso, y a veces estéril, apego a todo lo que suponga novedad, la necesidad de aferrarse al momento. Quizá el objetivo de toda existencia consista en la búsqueda del reconocimiento, que toda vida sea tomada en consideración y recordada, como lo que fue o quiso ser.
A otros, sin embargo, les asalta el miedo a ser demasiado visibles. Recuerdo que, cuando de niños jugábamos al escondite, cerrábamos los ojos y nos tapábamos la cara, pensando que si nosotros no veíamos, nadie podría hacerlo. Por ello, cambian regularmente de aspecto, de costumbres y de ideas, para no llamar la atención, para no ver nada o no ver demasiado, para que no los confundan con lo que son, y los tomen y acepten, como lo que no son. La moda aúna voluntades y rechaza disensos. No es una cuestión puramente estética, es profundamente moral, porque atañe a las costumbres, a la manera de mirar a los demás y de mirarse. Pero es menos arbitraria de lo que pudiera parecer.
La moda es el presente que se niega a dejar de serlo, es la tentación de lo eterno, la inagotable fuente de la que mana el agua que riega las plantas de la juventud, el aplazamiento del dolor y lo consiguiente, la pírrica victoria sobre el olvido.



Publicado en El Diario Vasco el 3 de mayo de 2014

5/5/14

Ya he aprendido todo







A los compañeros que luchan por mantener las enseñanzas relacionadas con la filosofía en Secundaria y Bachillerato. A los alumnos que no sabrán lo que se pierden, por lo que no aprenderán...

2/5/14

Miguel Gil Ruiz