24/7/12

Lo importante es...










La armonía y la compenetración del juego en equipo, en el cual se ponen de relieve no sólo aspectos físicos o de técnica individual, sino valores como la generosidad, el compañerismo, la inteligencia táctica de un juego por conceptos... ¿Alguien puede poner en duda que en los movimientos de un colectivo humano caben la creatividad y la belleza? Lo importante no es vencer, sino disfrutar jugando o viendo jugar de esta manera.

23/7/12

Encerrona en Cultura Inquieta





Poca presentación necesita el popular Pepe Viyuela. Polifacético. Actor, humorista, escritor y poeta. Amante del cine, la televisión y el teatro. Natural de Logroño (1963). Estudió Filosofía y Arte Dramático, y un largo etcétera.
Mucho ha pasado desde su primera aparición en televisión y de su famosa frase “Pero, ¿esto qué es?, que preguntaba mientras se veía atrapado en una silla plegable, su número más conocido. Mucho ha pasado: ha sido Filemón en dos películas, ha doblado a Elliot en Colegas en el bosque, ha estado a las órdenes de Julio Médem en Tierra, protagonizó la versión teatral de El Pisito junto a Teté Delgado, ha participado en el Festival de Teatro Clásico de Mérida… es Chema en Aída (Telecinco). Ha escrito dos poemarios, fue ganador de la segunda edición del Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro y es autor de la novela Bestiario de circo. Es vicepresidente de la ONG Payasos sin Fronteras y socio honorífico de Amigos de la Tierra. Etc.
Ahora Pepe Viyuela llega a las tablas con Encerrona, una reflexión sobre lo cotidiano desde la perspectiva del payaso. El personaje se queda atrapado en el escenario. Ha llegado allí engañado y se encuentra con el público enfrente. No iba a actuar, pero se ve obligado. Ha sido una encerrona. Quiere escapar, busca una salida, las miradas se clavan en él, algo le impide huir. Así, como bufón de corte arrojado al salón del trono, durante algo más de una hora este hombre tendrá que actuar. Tendrá que hacer algo.
Una guitarra, una silla, una chaqueta, un periódico y una escalera serán los objetos que encuentre y que utilice para intentar salir del paso. Como juego o como escudo; los objetos se transforman. Son nuevos, además, para él.
Esta obra se presenta como una metáfora en la que “el payaso es cada uno de nosotros y su juego no es sino nuestra vida, estamos obligados a existir y obligados a actuar, no sabemos dónde nos hemos metido y debemos seguir adelante”. Esta es la encerrona que se encuentra Pepe Viyuela en Cultura Inquieta.












22/7/12

Esto



Visto en http://blog.guiadelcomic.es/

20/7/12

Por mineras




En el Museo Ramón Gaya de Murcia, el día 10 de octubre de 2008, con motivo del aniversario del Museo.
Subido por Juanoballester el 11/10/2008 Youtube







Coplas a la muerte de su padre




Emilio Villalba de Mediterranea colabora con la cantante flamenca Rocío Márquez en su tema "pasa la VIda" (adaptación de las Coplas de Jorge Manrique). Cortesía de Rocío Márquez y el Séptimo Sello. A las percusiones Sergio Mora. Youtube, Subido por EmilioVillalba el 08/05/2009

¡Deje de salvarme, que me ahoga!








El País, 20-7-2012

La conciencia




La conciencialidad es la última y más tardía evolución de lo orgánico y por consiguiente es también lo más inacabado y lo más endeble en el organismo. De la conciencialidad proceden innumerables falsos conceptos que hacen que un animal, un hombre, perezca antes de lo que sería necesario "sobrepasando su destino", como dice Homero.


El gay saber o gaya ciencia. Espasa Calpe, 1986


15/7/12

Subcultura





Por otro lado, hemos procurado resistir la tentación de retratar la subcultura (como en cierta época algunos escritores influidos por Marcuse tendieron a hacer) como depositaria de la “Verdad”, detectando en sus formas algún oscuro potencial revolucionario. Sí hemos querido, en cambio, y como diría Sartre, reconocer el derecho de la clase subordinada (los jóvenes, los negros, la clase obrera) a “hacer algo con lo que de ellos se hace”: a embellecer, decorar, parodiar y, si es posible, a reconocer y a elevarse por encima de una posición subordinada que ellos nunca eligieron.



(...)

En concreto, he empleado el término "ruido" para describir el desafío lanzado al orden simbólico que supuestamente constituyen estos estilos. Tal vez sería más exacto y elocuente pensar ese ruido como el anverso de la "armonía chirriante" de Althusser.


DICK HEBDIGE, Subcultura. El significado del estilo. Paidós Comunicación 157 (1979-2004)





14/7/12

El gol y la memoria



Mi infancia son recuerdos de un patio con gravilla. Gritos desaforados. Mucho viento. La inminencia de un timbre. Los zapatos demasiado justos. Y algo más. Qué. Una pelota. De plástico anaranjado, o de cuero muy frágil, casi descosida.

Yo no sabía, por entonces, que a la pelota debía llamársela balón. Además, como estudiaba francés en el colegio, semejante mote me habría parecido una blasfemia o una concesión algo afeminada. Y en la escuela, señores, había que ser macho. Había que ser tan macho, tan rabioso y tan bestia, que el balón, no sé si me comprenden, de ningún modo podía ser masculino.

A mí, qué quieren que les diga, el fútbol me salvó de muchas cosas. De ser el púber tísico, aspirante a poeta, al que todos martirizan en el patio. De no poder intercambiar más de tres o cuatro gruñidos vagamente sintácticos con la mayoría de la especie masculina; esa especie brusca y hermética con la que rara vez conseguía encontrarme cómodo. El fútbol me salvó, también, del riesgo de ignorar el cuerpo, tendente como era a elucubrar y a soñar despierto. El fútbol me enseñó que, en la vida, si uno echa a correr debe hacerlo hacia adelante. Que a la belleza, casi siempre, le ponen zancadillas. Y me enseñó, desde luego, que no conviene hacer la guerra solo, y que el enemigo, ay, es siempre demasiado parecido a nosotros. Cada vez que me preguntan qué habría sido de mí de no ser escritor, cuando estoy a punto de responder que nada en absoluto -un escritor de veras, como sabía Rilke, es incapaz de imaginarse un destino distinto a la escritura-, me viene a la mente un sueño infantil que duró algunos años. De modo que carraspeo, sonrío y replico: quizás habría sido futbolista.

Una de las cosas que más nervioso me han puesto siempre, al discutir sobre fútbol, es esa batería de lugares comunes que tienen más o menos que ver con la virilidad de los jugadores. Esa extraña regla de tres inversa por la cual, para los madridistas, Geremi es más digno de respeto que Guti; o por la cual, para poner un ejemplo de la otra acera, a Luis Enrique le tienen más paciencia que a Rivaldo. Lo mismo sucedía en Argentina -y me temo que seguirá sucediendo siempre, en todos lados- cuando yo era un niño, hincha febril de Boca Juniors, y tenía que soportar las críticas que casi cada domingo recibía mi jugador predilecto: Carlos Daniel Tapia, el Chino Tapia. Un futbolista exquisito, zurdo, pequeño de envergadura pero con esa electricidad diabólica que sólo tienen los mediapuntas para pensar y decidir entre un campo de minas. El Chino Tapia era audaz en la conducción, visionario para los espacios y, sobre todo, generoso en el último pase. Solía regatear hacia el interior y entregar el balón afianzando el tobillo, cortando la pelota, colocando el pie muy paralelo e irguiéndose de súbito. Una maravilla, no sé si lo están viendo. Tampoco era raro que el Chino Tapia marcase algún gol de falta o en una imprevista jugada personal. Y, sin embargo, domingo tras domingo, uno tenía que soportar que sus mayores exclamaran: ¡Tapia, parecés una bailarina! O, infaltablemente, si algún toque genial no prosperaba: éste es un maricón, carajo .


http://www.literaturas.com/v010/sec0606/suplemento/Articulo3junio.htm


Jorge Valdano. Entrevista (fragmentos)

Pregunta. - ¿Por qué ese tópico de que los futbolistas son personas con poca o nula cultura?

Jorge Valdano.- Los futbolistas responden siempre lo mismo porque los periodistas le preguntan siempre lo mismo. Por otro lado los tópicos son un buen escondite para escapar de los conflictos

Pregunta. - ¿Cuándo empezó usted a escribir?

Jorge Valdano.- Empecé a escribir mientras jugaba y con el deseo de ayudar cualquier línea de pensamiento intimo. Disfruto escribiendo, pero nunca me sentí escritor

Pregunta. - ¿Y a jugar al fútbol?

Jorge Valdano.- Siempre. No me recuerdo sin un balón cerca. Desde los cuatro años jamas tuve ninguna duda de que iba a ser profesional del fútbol.

Pregunta. - Anelka acudía a las concentraciones con su PlayStation. ¿Se lo prohibiría usted y le daría un libro?

Jorge Valdano.- Cuando manejo poder me cuido mucho de usar la palabra prohibir. Anelka tiene derecho a matar su tiempo como le de la gana.

Pregunta. - ¿Y usted, con qué acudía?

Jorge Valdano.- Yo llevaba libros y, en ocasiones, lo hacía a escondidas porque tuve al menos dos entrenadores que pensaban que la lectura era dañina para la concentración.

Pregunta. - ¿Qué autor o autores le relajaban antes de un partido?

Jorge Valdano.- No hay nada más relajante que una gran novela.

Pregunta. - El fútbol, como los toros por citar otra disciplina condenada durante años al ostracismo intelectual, no se ha prodigado en potenciar la figura del jugador-culto, y sin embargo sí la del jugador-periodista. Esto trae consigo que a menudo tengamos que escuchar y leer auténticas barbaridades lingüísticas. ¿No cree que deberían los Medios ser más selectos a la hora de elegir a sus colaboradores?

Jorge Valdano.- Creo que el mundo de los toros ha tenido mas calado intelectual. De hecho en el mundo editorial se solía decir que "libro de toro vende y libro de fútbol no vende". En cuanto a la segunda parte de la pregunta, debo decirle que a los Medios les interesa más las caras que las ideas.

Pregunta. - Usted dio forma a un concepto refiriéndose al Real Madrid -miedo escénico- muy recurrido en otros órdenes de la vida. (El miedo escénico de un autor ante su segunda novela, de un político ante su primer mitin...). ¿Le gusta que se utilice dicho concepto?. Porque debería cobrar royalties por ello...

Jorge Valdano.- Yo he popularizado ( o futbolizado) un concepto existente. Siempre que hay un discurso (no importa si verbal o corporal) existe el miedo de expresarlo publicamente. Hay jugadores que se siente paralizados por el miedo escénico y jugadores que lo disfrutan. Estos últimos son los grandes.

Pregunta. - Encarna Jorge Valdano el prototipo de futbolista culto, interesado por la literatura, e incluso es el autor de una antología de relatos con el fútbol como recurso literario. ¿Para cuando un libro de relatos propios, que seguro tendrá en algún cajón?

Jorge Valdano.- Soy una especie de vaso comunicante entre el fútbol y la cultura y no tengo más aspiración que esa. El libro no existe en el cajón y mientras esté en el Real Madrid no creo que en mi vida quepan muchas mas ficciones que la de disfrutar y padecer el día a día del fútbol.

Pregunta. - Porque el relato suyo “Creo vieja que tu hijo la cagó”, incluida en la Antología de la que hablamos es maravilloso, y la idea del portero recogiendo la gorra desde el interior de la portería con el balón en la mano después de parar un penalti, definen por sí sola toda una manera de ver el fútbol y la vida.

Jorge Valdano.- Veo que usted no tiene ninguna piedad con el pobre protagonista de mi cuento. Creo que ese cuento, como tantos otros, demuestra hasta que punto el fútbol está encarnado en la vida de la gente. Un fenómeno que mueve tantas pasiones da grandes posibilidades de explicar al hombre, incluso desde episodios en apariencia menores

Pregunta. - ¿Que cuesta mas, reunir a tantas plumas en torno a un proyecto literario (Cuentos de fútbol) o entrenar a un mito como es el Real Madrid?

Jorge Valdano.- Aquel proyecto literario resultó satisfactorio desde muchos puntos de vistas. Fue muy fácil seleccionarlos y casi igual de fácil convencerlos. Entrenar al Real Madrid tiene otra complejidad porque se trata de poner de acuerdo las voluntades de veinticinco personalidades muy marcadas.

Pregunta. - ¿Sabe que le ha salido un fuerte competidor en Pardeza?

Jorge Valdano.- Pardeza es un intelectual de verdad porque la dedica su vida al pensamiento. Yo mi vida se la dedico al fútbol y no soy más que un buen curioso.

Luis García,

9/7/12

Vicente del Bosque, el triunfo de la dignidad


“Todo lo que sucede, conviene”. La cita es de William Shakespeare y el seleccionador español, Vicente del Bosque, la utiliza como frase de cabecera en la gestión de las grandes crisis. Aparentemente, es una sentencia que puede denotar conformismo. Todo lo contrario. Esas palabras muestran a un hombre acostumbrado a digerir las curvas de la vida sin quedarse clavado en ellas lamentándose. “Si no me hubieran echado del Madrid, no hubiera sido campeón del mundo con la selección”, suele decir.

“Su vida nunca ha sido fácil. Su padre vivió las consecuencias de la represión franquista, en el Madrid tampoco le fue sencillo triunfar, ni como jugador ni como entrenador. Tuvo lesiones y padeció la muerte de su hermano Fermín, al que estaba muy unido. Ya como entrenador, le costó que creyeran en él, cuando ganó la octava Copa de Europa no sabía si iba a seguir y luego llegó la dolorosa no renovación de Florentino Pérez, con eso del librillo viejo”, relata Paco Cañamero, periodista y escritor salmantino autor de la biografía Vicente del Bosque. El triunfo de la dignidad, en la que resalta la influencia del diestro El Viti en su personalidad: “Como Vicente, era comedido en las grandes y en las malas tardes”.



Del Bosque. Libro El valor de la dignidad de Paco Cañamero.

La almendra inicial del barrio de Garrido de Salamanca permanece ahora oculta y rodeada por avenidas y edificios de nueva construcción. No lejos de ella, un tramo de la Avenida de Salamanca fue rebautizado como la Avenida de Vicente del Bosque tras la conquista del Mundial de Sudáfrica. Callejeando se llega a las entrañas de aquellas primeras viviendas de tres pisos de ladrillo visto que ocuparon en su mayoría los ferroviarios. Fermín, el padre de Del Bosque, fue factor de Renfe hasta que fue enviado a un campo de concentración por rojo. “Claro que mi padre tenía motivos para estar en contra de la dictadura, pero nos educó para dejar vivir en paz, en democracia, para formar una familia y ser responsables en el trabajo”, dice Del Bosque. Con su progenitor, una semana antes del día de los santos, siempre visitaba el cementerio y pasaban por la tumba de Miguel de Unamuno, una personalidad que le cautivó porque “era un hombre liberal, con respeto hacia los que no pensaban como él”.

En Río Yeltes, un callejón, se levanta una de esas edificaciones modestas que resumen el presupuesto de la clase obrera, ese Hasta aquí podemos pagar, aquí y así hemos de vivir. La barriada presume de seleccionador. “Un hombre que sabe estar, una persona normal”, recuerda con palabras recias un taxista. En Garrido, Del Bosque se aficionó al fútbol en un descampado. Su hermano Fermín cosía los balones. También al futbolín, un juego recreativo que dominó a la perfección. De pequeño los construía, y de juvenil era uno de los reyes de unos billares que cerraron hace un par de años. “El futbolín es muy competitivo y Vicente siempre lo ha sido, aunque no lo parezca”, dice Ángel Huertas, presidente de los veteranos de la Unión Deportiva Salamanca y amigo personal del seleccionador. “Le conocí un verano que fuimos a jugar un amistoso con el Salamanca a Portugal. No teníamos jugadores suficientes y el entrenador convocó a varios juveniles. Vicente jugó la segunda parte. Era muy alto y delgado, muy bueno técnicamente”, prosigue Huertas, que no encuentra diferencias entre el chico que conoció, el que se reencontró ya como jugador del Madrid y el hombre con el que ahora departe sobre el fútbol y la vida: “Siempre ha sido así, hablando muy despacito, sin ponerse nervioso. Con toda la presión en la Eurocopa y las críticas que ha aguantado, su reacción ha sido la de siempre: tranquilidad”.

“Tenía un carácter muy salmantino, formalito”, dice Toñete, el ojeador que le llevó al Madrid

Del barrio de Garrido, Del Bosque salió para no volver de la mano de Toñete, un ojeador de la zona contratado por el Real Madrid que fue el primer salmantino en obtener el título de entrenador nacional. En su casa de Ciudad Rodrigo, junto a informes de Quini, Aguilar, Corral y Santillana, aún conserva el manual del buen ojeador que el legendario Miguel Malvo, por entonces responsable de la cantera madridista, remitía a sus colaboradores. En la hoja se puede leer la necesidad de ser discreto y el mayor de los requerimientos: “Distinguir entre el buen jugador y el jugador para el Real Madrid”. “Vicente lo era. Técnicamente era irreprochable, un poco lento, pero tenía reflejos. Hacía muchos goles para ser centrocampista. Un comercial de la Renault me había dicho que en el Salmantino había un juvenil que era el mejor que había visto en toda su vida”, rememora Toñete, que no olvida aquel primer viaje a Madrid: “Fuimos en un Renault 8 su padre, mi sobrino Silva, que también iba para jugar en el Madrid, y Vicente. Con 16 años tenía un carácter muy salmantino, formalito. Él se parece mucho a su madre Carmen, una señora de mucha sensibilidad, una madre muy tradicional, siempre preocupada por sus hijos. Ahora, a Vicente se le ve sonriente, pero entonces era muy callado”. Toñete no dudó de lo que vendría después: “Aunque él diga que no, sabía perfectamente que sería futbolista del Madrid. He llevado muchos juveniles y siempre les daba consejos para que superaran esa necesidad de demostrar en tiempo récord lo que valían. Les decía que nunca estuvieran parados, que si había un córner, lo tiraran, que si había una falta, lo mismo. Con Del Bosque no hizo falta”.

“De no haber sido profesional del fútbol, probablemente hubiera sido profesor”, ha asegurado Del Bosque. “Como ciudad llena de estudiantes, Salamanca es muy viva, pero nunca me he sentido cómodo en la noche, ni allí ni cuando me hice profesional en el Madrid. Siempre he sido un desastre para la música”, explica.

Con su padre visitaba la tumba de Unamuno y de su madre heredó la sensibilidad

Uno de los últimos mensajes telefónicos que envió el seleccionador antes de la final de Kiev —“me lo mandó solo una hora antes”— tuvo como destinatario a Toñete, que no olvida la cara de preocupación de don Fermín cuando dejó a su hijo en Madrid. “Parecía que le habían arrancado el alma. Le consolé diciéndole que su hijo sabía a lo que venía, que no se preocupara, que no se iba a perder en la noche de Madrid”. Al poco de llegar, a la capital llegaban los ecos del mayo del 68 parisino. Su hermano Fermín le advirtió de los peligros de una ciudad que ya contaba con las primeras rendijas del aperturismo. Principalmente le previno contra las drogas. Durante dos meses, Del Bosque residió en una pensión cerca de la Gran Vía. De camino al metro presenció manifestaciones de jóvenes con pantalones acampanados en busca de democracia. Luego, viviendo en la calle Iglesia, caminaba hasta el Palacio de los Deportes para ver las veladas de boxeo de Urtain y Pedro Carrasco. Unos paseos por la ciudad que hoy hace en coche cuando, orgulloso, va a recoger a su hijo Álvaro, con síndrome de Down, al colegio.

En aquel Renault 8 de Toñete también podía haber viajado Gregorio Cardoso, un extremo izquierdo muy habilidoso que se lesionó de gravedad, precisamente en un encuentro de juveniles entre el Salmantino y el Real Madrid. “Ya era una persona comunicativa, sociable, con educación para saber estar y convivir en grupo”. Cardoso tiene grabado a fuego uno de los episodios futbolísticos que más marcaron a Del Bosque porque le curtió, un partido entre el Salmantino y el Burgos que fue una encerrona: “Fuimos a jugar a Burgos y no lo hicimos en El Plantío, nos llevaron a La Milanera, en las afueras. Del autobús al campo fuimos pasando entre la gente, que nos escupía a la cara y nos insultaba. Había jugadores nuestros que en el descanso lloraban y no querían salir a jugar”.



Del Bosque. Libro El valor de la dignidad de Paco Cañamero.

Sánchez Barrios, como Cardoso, fue otro extremo izquierdo habilidoso. Se crió en la cantera del Madrid y acabó en el Salamanca. “Yo tenía más vinculación con su hermano, porque cuando me fui a Salamanca sus padres me alquilaron un piso en el mismo edificio que ellos vivían. Tanto su padre como su madre nunca hicieron ostentación o presumieron de que su hijo jugara en el Real Madrid. Vicente estaba muy unido a su hermano Fermín, siempre que podía venía a verle. Me consta que después de su muerte se ha portado muy bien con su cuñada y sus sobrinos. La palabra normalidad, que no vulgaridad, es lo que le define. Su serenidad es anormal porque en un banquillo siempre hay mucha tensión”.

Sánchez Barrios quiere hacer hincapié en una faceta de Del Bosque que considera que no se ha valorado lo suficiente: “Vicente se metió en la AFE, que por entonces podía significar que te cortaran la cabeza, como a mí me sucedió”. Esa misma vertiente sindicalista la valora Ángel, compañero de Del Bosque en Real Madrid: “Ser jugador del Madrid y estar en el sindicato no era fácil, no estábamos allí por nosotros, que teníamos un buen estatus, sino por los compañeros que dormían en sacos porque no cobraban y porque reclamábamos seguridad social y abolir el derecho de retención”. Ángel, también salmantino, vivió una de las desazones deportivas más grandes que se ha llevado Del Bosque: perder la final de la Copa de Europa de 1981 ante el Liverpool. En esas, apareció Shakespeare con su Todo lo que sucede, conviene. “Vicente no lloró. Lo procesó diciendo que habíamos aprendido a competir y tendríamos otra oportunidad. Él las ha tenido como entrenador del Madrid y como seleccionador y ha salido ganador”. Con la misma humildad con la que viajó en aquel Renault 8.


Publicado en El País, LADISLAO J. MOÑINO Salamanca 8 JUL 2012














6/7/12

Un trozo de mar










Quisiera dedicar este tema, compuesto hace muchos años, a todos cuantos se empeñan en restituirnos la esperanza, a toda esa savia que ha llegado por fin, a borbotones, por caminos nuevos...

4/7/12






Siempre olvidamos descender hasta los fundamentos. No ponemos los signos de interrogación a suficiente profundidad.




Ni Parménides ni Platón tuvieron necesidad de ganarse la vida. Bajo unos cielos templados, un hombre nutrido puede proceder a debatir o escuchar en el ágora, en las arboledas de la Academia.





la vida no examinada no es digna de ser vivida.



viviendo la muerte del otro, muertos en la vida del otro.

Dulce revolución, Josep Pàmies







http://joseppamies.wordpress.com/



Definitivas sus últimas palabras, maestro: hay trabajo, pero tenemos que hacerlo entre todos.


Optimismo














José Hernando y José Mª Marco (Malamergo)
Un poema de Felipe Juaristi

3/7/12

Que a todas las balas se les haga de noche