jueves, 11 de septiembre de 2014

Existimos



«Grito que no creo en nada y que todo es absurdo, pero no puedo dudar de mi grito y necesito, al menos, creer en mi protesta. La primera y única evidencia que me es dada así, dentro de la experiencia del absurdo, es la rebeldía», que nace del espectáculo de la sinrazón, ante una condición injusta e incomprensible. «Yo me rebelo, luego existimos.»
La rebeldía no es un movimiento egoísta; nace de la conciencia de la propia opresión y de la opresión del otro. Es, por ende, un acto de solidaridad nacido de la necesidad de luchar contra las cadenas de la esclavitud. Por eso, el verdadero acto de rebelión exige la identificación con la persona o el colectivo oprimido y el tomar partido por ellos. La rebelión es, según esto, un acto de afirmación de la común dignidad del género humano. Es «desbordamiento del ser», ya que nace de «la pasión del ser humano por el ser humano». «El motivo de la misma es el amor a la humanidad», asevera Camus. Tres son las características de la rebeldía: a) es un acto de rechazo radical, categórico; b) es una reclamación —generalmente enérgica y a veces violenta— de un derecho, no la petición de un favor o la consecución de un privilegio, y c) no se trata de una opinión; se es consciente de tener razón.
La rebeldía no es posible en el mundo de lo sagrado, ya que ahí no hay espacio para las dudas, las preguntas; todas son respuestas definitivas, seguridades incólumes. En ese espacio solo tiene cabida la acción de gracias. La rebeldía solo puede darse en el ámbito de lo profano, abierto a la integración, el cuestionamiento y la perplejidad.


Homenaje a Albert Camus en el centenario de su nacimiento.
Perfil intelectual de Albert Camus, elaborado por el profesor Juan José Tamayo, tomado de su libro “Cincuenta intelectuales para una conciencia critica”.
Editorial Fragmenta, Barcelona, 2013, p. 143-151.

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