Para utilizar un término como "extranjero" en nuestra época y en nuestro entorno cultural, antes habría que reflexionar una miaja.
¿De dónde vino nuestra lengua? ¿Era el latín propio de la península ibérica?
¿De dónde nuestra civilización?
¿Qué éramos los españoles para los indígenas, y, más recientemente, para Francia, Alemania o Suiza en los años 60?
¿De dónde provienen la música que escuchamos, el idioma que estudiamos, lo que consumimos?
¿Abrimos las fronteras a los bienes y los productos pero las cerramos a las personas? ¿A qué clase de personas?
Evidentemente, todo necesita una regulación, si somos realistas. Pero, si somos humanos, la regulación ha de estar para las personas, no para establecer divisiones que faciliten la explotación mediante nuevas o viejas formas de esclavitud.
No hay comentarios:
Publicar un comentario