martes, 31 de agosto de 2010

I


Sin estrépito el mundo empieza, mudo.
Un hueco calcinado.
Cochambroso mundo ajeno,
Interrogando por un deseado renacer abierto,
El amplio acorde disonando
De la casa que crepita.


Y sólo un acezante animal acecha
En la calle, la casa, el corazón.
Sólo lo extraño y su telambre
Hila siempre fibras nuevas,
Con su tímida avidez despoja
Y recios lugares palpa, de áspera corteza.


Tras la espuria intimidad, una grávida materia.
Translúcido metal en las noches nace sin rutina
Que secreta carne cuece en su vaivén.


Y va creciendo en ese seno extraño el más pronto despertar,
El ansia de un alma vagabunda deslumbrada
Por aquellos ignorados pasos,
Ignotos pasajes entreabiertos.


Secreta carne allí desaparece y aparece
Entre castas mareas y sus recónditas auroras.
Fuego que arroja desde el centro aliento embravecido.


Y así, en el frío invernal de su redoma
Es sedosa hoy la compañía,
Sedoso el instante, sedoso el mar,
Sedosa libertad: lejos
La pértiga, el bastón, la vara
Que nos conducían amablemente
En nuestro torpe deambular vacío.


Heme pues, aquí,
Llegado una vez más a un sitio extraño
Donde despierta agitado el pecho
y en su impaciente monstruosidad, la mano:
Azoca, amigo, lo extraño nos despierta,
Nos salva justo en el instante
Del torpe transigir.


 
 
 
 
 
 
 
 
Secretamente acuna el cuerpo su hermosura
Guardando un recuerdo que al fin cede
En nuestro extraño afán de llevarlo a todas partes
Tal una inacabable vela que alumbrara siempre.


Y un día pisamos un suelo no antes conocido,
El portal de una ilusión, buscando
Un lugar donde todo pueda aún acontecer.
Una gracia, no de otro sino autoconcedida.


Y entramos o salimos al encuentro del azar.
Otro cielo, otro país, un nuevo corazón.
Un destino pequeño pero cierto.


Y caminamos.
Casi al borde del cielo caminamos.
Y el camino refulge como un río.
No uno apacible sino, resbaladizo, otro,
Acaso de aire límbico..


Y justamente entonces sentimos
Que algo, después de tanto batallar,
Está desordenando el corazón…




... una música, una esfera
Donde se respira otro aire, un instante puro.


Sin saber qué hacer con El Error, seguimos
Caminando, siempre,
A ganar con urgencia
El sincopado acontecer que salva
Cuando todo se oscurece
Y brota un macabro resonar vacío.


Y acompañados por la voz del canto, decidimos
Esperar a que un día alguien anuncie
Que la esperanza recomienza...La dicha
Ha caminado sola poco a poco
Y al fin llega: como una mano amiga
Que en la tarde nos toca suavemente
El hombro y nos invita a despertar;
O aquel reloj ya viejo cuyas horas
Golpean el cráneo, el corazón,
Y dice, en fin, que detrás de la ilusión
Había otra ilusión.


Que con esa pobre musiquilla silenciosa
Levantar se puede nuevamente todo.
Y así munidos ya no importa si alrededor todo es oscuro
Porque en el centro algo nuevo aunque incierto resplandece.


Recupera uno victorioso sus recuerdos
Remontando el tiempo cuando todo se perdía
Pues nunca fue total la pérdida, nunca lo es,
Decidiendo volver, volver, necear, único
Privilegio que reclama el corazón:


Nada revive, es cierto, pero ilusiona
En un instante. Y así vivimos,
En esa luz creciendo,
Decreciendo.


Masca la cachimba, bien, la vida, es.

 

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